QUIPOema

q. 163 hallado en la extensa región del Tawantinsuyu, se encuentra expuesto en el Museo Chileno de Arte Precolombino de Santiago. Según el catálogo del museo, fue encontrado en un cementerio inca en Mollepampa, en el valle del río Lluta, cerca de la actual ciudad de Arica. Siete cuerdas blancas sin nudos, unidas a una cuerda principal por un lazo rojo, dividen seis conjun- tos de diez grupos de cuerdas cada uno. Hacia el final del instrumento hay nueve cuerdas blancas sin nudos y una con un solo nudo. El quipu termina en once conjuntos de cuerdas. Estos conjuntos de cuerdas, cada uno con sus nudos, son formados por una cuerda principal de la cual derivan otras se- cundarias, de las que surgen cuerdas de una tercera categoría. La ubicación de estos conjuntos de cuerdas y nudos en su interior, la forma de anudar cada cuerda y los colores usados son parte de un simbolismo todavía no descifrado del todo. Solo sabemos que la posición de los nudos en la cuerda hace uso o refiere al sistema decimal y que los colores codifican informa- ción no numeral. Investigaciones recientes sugieren que el quipu también era usado como aparato mnemotécnico para la poesía oral y la filosofía. Así, todo el quipu carga con significado: el largo, la forma, el color, el número de nudos. Al mismo tiempo, el interminable atar y volver a atar nudos permite continuas marcas y modificaciones. Como mucho, en un sentido literal podríamos decir que al contrario de otros sistemas de es- critura, el quipu ofrece la oportunidad de la inscripción inagotable ya que lo que se «inscribe» nunca queda fijo. El acto de hacer y deshacer, como en el tejido, ofrece una multitud de posibilidades en cuanto a comienzos, flexibilidad y movilidad. En este sentido, El quipu que no recuerda nada de Vicuña sintetiza una actitud hacia la vida, el lenguaje, la memoria y la historia en un país poscolonial donde el proceso de transformación generó la fundación de una nueva cultura colectiva socialista. En el límite de estar dispuesta a perder toda traza de representación, Cecilia Vicuña oscila, por un lado, entre varias estrategias constructivistas de transparencia de los procedimientos, auto referencialidad de los aparatos significantes y orga- nización espacial reflexiva; y por otro, las estrategias de diferenciación de la experiencia subjetiva y de reflexión histórica. Considerando la experien- cia del colonialismo (y de la dependencia neocolonial), con sus legados de opresión y destrucción, de donde surgió su identidad, se aferra al nombre: quipu. Considerando el deseo de una nueva generación de ser «absoluta-

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