QUIPOema

q. 161 mente mayor, la cuadrícula opera hacia fuera, forzando nuestro recono- cimiento de un mundo más allá del marco, esta es la lectura centrífuga (en relación a las operaciones de la ciencia, paradójicamente implicando la desmaterialización de la superficie). La lectura centrípeta funciona desde los límites externos del objeto estético hacia dentro. «La cuadrícula es, en relación a esta lectura, una re -presentación de todo lo que separa a la obra de arte del mundo, del espacio ambiental y de otros objetos. La cuadrícula es una introyección de los límites del mundo hacia el interior de la obra; es un mapeo del espacio interior del marco hacia sí mismo» (una lectura al parecer surgida de orígenes puramente simbolistas, paradójicamente opo- niendo «ciencia» y «materialismo»). Krauss señala que, dentro de toda la producción estética moderna, «la cuadrícula se ha sostenido incansable al mismo tiempo que inmune al cambio». Uno de los aspectos más modernis- tas de la cuadrícula es «su capacidad de servir como paradigma o modelo para el antidesarrollo, la antinarrativa, lo antihistórico». Aparentemente, en el tejido espacializado de Vicuña, no solo la su- perficie plana de la cuadrícula está bajo consideración, sino también la sub- versión de la línea. El discurso binario en la cuadrícula (naturaleza versus artificio, significante versus real, etc.) es puesto en duda. Según Deleuze y Guattari, «Lo liso y lo estriado se distingue en primer lugar por la relación inversa del punto y de la línea (la línea entre dos puntos en el caso de lo estriado, el punto entre dos líneas en lo liso). En segundo lugar, por la na- turaleza de la línea (lisa-direccional, intervalos abiertos; estriado-dimen- sional, intervalos cerrados). Por último, existe una tercera diferencia que concierne a la superficie o al espacio. En el espacio estriado se delimita una superficie y se “reparte” según intervalos determinados, según cortes asig- nados; en el liso, se “distribuye” en un espacio abierto, según las frecuencias y la longitud de los trayectos (logos y nomos)». El textil es una construcción espacial realizada negociando elementos flexibles y fijos. El rasgo espacial del tejido ocurre en varios niveles, a través de movimientos de interpene- tración que son externos a una superficie definida y al mismo tiempo crean dicha superficie. Sin embargo, hay una diferencia y una divergencia entre la experiencia del espacio y el discurso del espacio, entre la mano y el tejido, entre el gesto y la obra. Lygia Clark lo plantea así: «El artesano entró en un diálogo con su obra mientras el trabajo, cada vez más automatizado y

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