QUIPOema
q. 146 muertos y que los vivos «recuperan» una y otra vez su control sobre él, lo vuelven a poseer, lo recrean o lo vuelven a ocultar. Esto significa que las palabras son simultáneamente antiguas y nuevas. Su universo es una «ver- sión» (en el sentido de transformación) y versión indica paso, dirección, acción y movimiento. Sin embargo, en La bodega negra (1994), una obra hecha en una vie- ja bodega en la zona de San Fernando, Chile, donde Vicuña vivió su ni- ñez, es claro que lo «direccional» sigue siendo un tema importante en su obra. Cuando la artista captura los intensos rayos solares que atraviesan los agujeros del techo ruinoso y producen puntos en forma de estrellas en los muros de piedra, el suelo de tierra, la reja de arado, la rastra, los sa- cos, la cosecha y el forraje, la dispersión y la inversión vuelven a ocurrir. Al ingresar en la bodega, el espectador experimenta el brillo exterior del día convirtiéndose en la oscuridad interior de la noche. Las constelaciones son lanzadas a la tierra como puntos ciegos. En su brazo Vicuña sostiene un punto circular que apunta al infinito, luego uno más, luego otro y otro más: la Cruz del Sur. Ella ha atado a través del espacio, desde piedras en el muro a piedras en el suelo, hilos que al igual que la extensión de su cuerpo, momentáneamente se suspenden en la luz. Ante el deseo de crear mapas, este microcosmos provee protección y ofrece «puntos abstractos de iden- tificación con el cuerpo humano». Tal como escribe Henri Michaux en Los comienzos : «A lo lejos en la distancia, todavía más lejos, tan lejos como es posible, inmóvil, los dedos extendidos a los límites externos del yo, dedos… Superficie sin masa, un solo hilo abarcando un ser-vacío, un cuerpo sin cuerpo». Esa misma tarde, por el contrario, cuando el sol se estaba ponien- do y el ángulo de la luz había cambiado, las estrellas en la bodega desapare- cen en el crepúsculo para reaparecer en el cielo nocturno. «Ahora el espacio es tiempo incesantemente metamorfoseado a través de la acción». Además del uso de agujeros en el techo por el revolucionario arqui- tecto francés Etienne-Louis Boullée en el domo de su cenotafio dedicado a Newton, pienso en el ejemplo reciente de Nancy Holt y sus Sun Tunnels . A principios de los setenta Nancy Holt trabajó con espacios urbanos o pai- sajes vistos a través de agujeros en túneles, tuberías y otros aparatos que hacían al espectador considerar el exterior y el interior como sensaciones perceptuales y fisiológicas. La diferencia radica en que los conductos tubu-
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