QUIPOema
q. 145 ha estado asociado al cuidado: a la crianza y la preparación de comida. En Note on the Division of Labor by Sex, Judith Brown señala que una co- munidad descansa en las mujeres como proveedoras principales de cierto tipo de trabajo dependiendo de «la compatibilidad de esta ocupación con el cuidado de los niños». Esto es particularmente cierto en el caso de oficios como el hilado, el tejido y la costura: «repetitivos, fáciles de retomar en cualquier punto, razonablemente seguros para niños y fácilmente realiza- bles en casa». Sin embargo, Brown indica que «esta particular división del trabajo se centra en la confiabilidad y no en la habilidad , dentro de una co- munidad donde la especialización era deseable». Al ser perecibles, los texti- les ofrecen solo evidencia fragmentaria de las vidas de las mujeres, pero los materiales y las metáforas del tejido sí nos informan, ya que estas permean ambas: la crianza y la alimentación. «Tanto el tejido (que produce telas) como el parto (que produce bebés) muestran la capacidad generativa de las mujeres. Los maya tz’utujil usan terminología anatómica para las partes del telar (cabeza, trasero, costillas, corazón y cordón umbilical), indicando que tejer es considerado equivalente a dar a luz. Las parteras de Santiago Atitlàn atan el vientre de una mujer embarazada con las largas cintas que las mujeres atiteco enrollan alrededor de sus cabezas. Estas regulan mi- méticamente las serpenteantes espirales del útero para poner al bebé en la posición correcta para el parto. En Chenalho se lanzan hermosos huipiles a un lago cercano donde las mujeres sueñan que la Virgen María necesita ser alimentada». Según Vicuña, el cuidado y el tejido se fusionan desde sus nombres: cuidar (to care), cargar (to carry), criar (to bear children), nom- brar (to bear a name). En Sudamérica, el nombre «quechua» sintetiza bien la relación en- tre texto, tejido y la noción de la supervivencia basada en la colaboración. La palabra designa a un miembro de un grupo de tribus inca y también al lenguaje de esas tribus, todavía hablado por cuatro millones de indígenas del Perú, Ecuador, Bolivia y Argentina. Etimológicamente, quechua no solo significa la trenza de dos (o más) hebras enrolladas, sino también el entrela- zamiento de dos personas al copular. Es importante indicar que, en los An- des, mientras más significados tenga una palabra (dobles, triple…) mayor es su valor en la jerarquía de las palabras: pasando a pertenecer al hatunsimi o «lenguaje importante». Vicuña señala que el lenguaje es heredado de los
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