Juventudes. Miradas sobre adultocentrismo, género y masculinidades [volumen 3]

182 · Capítulo tres: Masculinidades situadas en la incomodidad Estas experiencias con jóvenes me permitieron reconocer que sus participaciones, en tanto aspecto de la vida social, tienen forma y lugar desde distintas expresiones y están reguladas por un repartoprevio. Es decir, por unaconfiguraciónpolíticaqueestáenco- rrespondenciaconel procesode socializaciónpatriarcal adultocéntrico (enarticulación con otros procesos sociales). Este proceso subordinante y heteronormativo legitima/ deslegitima ciertas participaciones, y regula cierta organización genérica operando la ubicación de los sujetos en ciertos roles, funciones, y espacios. Su organización terri- torial, por caso, traza un espacio público/callejeromayormentemasculino y un espacio caseroodomésticomayormente femenino. Dentro de esta organización generizada, las intervenciones aludidas, así como algunas vecespudieronpotenciar laspropias formasorganizativasde los jóvenes, otrasvecesse vieron limitadas por la insistencia en posiciones de dominación y permanente demos- traciónde virilidadpor partede varones. Nohuboexperienciaquenohaya estado atra- vesada por sus prácticas de inferiorización, desigualación, demisoginia, de homofobia, y por la sanción y el rechazo a loque transgreda o traicioneelmodeloheteronormativo. El reconocimiento y problematización de estas prácticas no ocurrió sin una interpela- ciónanuestraspropiasconstruccionesdegéneroy formasdecomplicidadyanuestras capacidades para intervenir en clave de género. Nos puso de frente a nuestra propia matriz. Los espacios de encuentro mencionados implicaron conocernos y vincularnos con varones jóvenes aferrados a mandatos culturales de género territorializados: “hacerse respetar”, “parársele a cualquiera”, “mandar”, “aguantar”. Su cumplimiento, por cierto, comprendepertenencias y resguardo, los cuales sonvitales tratándosede territoriosde precarización, inminencia de muerte y vulneraciones desde la violencia estatal. Tam- bién son vitales teniendo en cuenta que la disidencia con los mandatos de mascu- linidad puede conllevar un alto costo punitivo. Hablamos de sanciones a través de la inferiorización, laexpulsiónyel castigo físico. Noobstante, estosmandatosasuvez limi- tan formas de expresividad y reducen opciones vinculares. Comprenden un repliegue relacional que limita la visibilización de estos jóvenes desde sus propias propuestas y necesidades sentidas en las redes territoriales. Esto cierramuchas veces la posibilidad de participación comunitaria entendiendo que esta propone el reconocimiento de lo diverso y la colectivizacióndeproblemáticas. Ahora bien, teniendo en cuenta lo que se jugó en este trayecto, memovilizó la posibili- daddeprofundizar en laparticipaciónde los sentidosdemasculinidaden las condicio- nes de vida de jóvenes autopercibidos como varones, es decir, qué sentidos y prácticas comprenden degradaciones a la condición de vida y cuáles potencias vitales, enten- diendoqueen los sentidosyprácticasdemasculinidadya reconocidossealojabanpri- vilegios, padecimientos y riesgos.

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