Independencia, autonomía, asistencia y apoyos en la atención en residencia de personas con discapacidad. Sistematización de visita de campo
14 Este proceso de vinculación toma tiempo y se va construyendo en la práctica. Denota el interés del personal en el ejercicio de su atención. Por otra parte, existe una borrosa definición de este proceso, donde también tiende a incluirse como parte del trabajo el desarrollo de una relación de afecto hacia el usuario o usuaria, derivando en un ‘encariñamiento’. Esto se identifica como un valor propio de la atención y como parte de la relación que se construye entre ambas partes. Cita de entrevista: “Todas se preocupan de ellos como si fueran los hijos. están pendientes, pascua, navidad, son como la única, son su brazo… Fredy, nosotros le decimos. ¿A quién quieres más en el mundo? A la tía. [...] Si, entonces nosotros siempre, para ellos son como nuestros hijos, eternos adolescentes”. (Terapeuta ocupacional) Esta relación de encariñamiento si bien tiene como objetivo humanizar al usuario o usuaria, tiene la problemática de infantilizar al sujeto en dicho proceso, en la medida que se le refiere como una persona familiar y de afecto. Aquella dualidad implica revisar el desafío de mantener un trato respetuoso y digno hacia un usuario en el marco de una práctica rutinaria, con el cometido de estar atentos para que no llegue a ser deshumanizante. Pero a su vez, de apuntar al trabajo de vínculos sin que se sobrepase un límite laboral que pudiese ser pernicioso para la relación misma entre personal y usuario. Sentido de comunidad En línea con lo anterior se plantea que el trabajo de atención en residencia requiere de un sentido de comunidad tanto entre los distintos perfiles del personal de servicio como con los usuarios y usuarias. Este sentido se entiende como un trabajo de cooperación en donde, a partir del aprendizaje paulatino que se da por el tiempo, se van construyendo confianzas en las responsabilidades depositadas en cada uno de los roles asignados. Cita de entrevista: “Para que una residencia funcione, tiene que tener un sentido de comunidad. Que todos entiendan quién es el otro. Que los roles no son implícitos, sino que a veces pueden ser explícitos. Pero basados en el afecto y el respeto. No sacan nada con imponer, porque aquí tú impones y se te chicotiza un paciente”. (Psicóloga) Este sentido de comunidad se traduce en un sentido de pertenencia a la residencia y al valor de la misma en cuanto a su objetivo. Sin embargo, en concordancia con lo expuesto anteriormente, el trabajo en residencia tiene el desafío constante de revisar sus objetivo y el cometido de la atención a usuarios. Esto en la medida de que se
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