Malestar y destinos del malestar. Artes del descontento [volumen II]
La tragedia moderna entre realidad, arte y ficción / Geneviève Morel – 183 El yo rehúsa sentir las afretas que le ocasiona la realidad; rehúsa dejarse constreñir al sufrimiento, se empecina en que los traumas del mundo exterior no pueden tocarlo, y aún muestra que sólo son para él ocasiones de ganancia de placer. Este último rasgo es esencialísimo para el humor 54 . Pese al desastre pasado y a las dificultades por venir, el fin del apartheid parecía una razón seria para sentirse triunfante. En tal sentido, la figura obscena y superyoica de Ubú permitía poner el acento, para condenarlo, en el carácter verdugo de Soho Eckstein, el doble patético y alienado de Kentridge en los Drawings for Projection . Demasiado simpático, ya que desgraciado en el amor, el personaje hacía estallar sus fábricas y moría por enfermedad, mientras que luego su cuerpo era excavado, me- diante instrumentos invasivos, como las minas de oro que en vida explotaba. Según la Poética de Aristóteles 55 , la representación de la tragedia actúa provocan- do la liberación catártica de dos afectos, el temor y la piedad. En tal sentido, la teoría freudiana sitúa el humor en el opuesto de la tragedia, pues gracias a él se ahorra el afecto e, incluso, se le hace cortocircuito. De este modo, Freud propone clasificar el humor de acuerdo a la cualidad del afecto ahorrado que, en el caso recién menciona- do de los Drawing for Projection , sería la cólera. No obstante, 20 años después, quizás ya no era más la época del triunfo sobre los verdugos, sino tal vez el tiempo de la reflexión respecto de las tragedias políticas e históricas que, singularmente, remecieron con fuerza al artista, a saber, aquellas del apartheid o del fracaso del socialismo ruso. Hay comedia negra en la impotencia de Bujarin para convencer y en las risas que provocan sus alegatos apasionados. El teatro no hace más que abordar esta cuestión de lo grotesco y de lo absurdo, pero sólo lo absurdo – es decir, la disociación de las causas y de las consecuencias esperadas, el trastorno introducido en el orden habitual del mundo – parece capaz de representar esta realidad 56 . Para reflexionar sobre las tragedias políticas, Kentridge introduce entonces el absur- do. Pero el absurdo, sin ser humor, es resorte del ingenio ( Witz : chiste). Por cierto, ambos –humor e ingenio, comportan un efecto cómico, pero no por ello tienen el mismo origen. De acuerdo a Freud, mientras en el primero lo cómico es producido por lo inconsciente, en el segundo lo gracioso es ocasionado por el superyó 57 . Y, en efecto, la frase “ I’m not me, the horse is not mine ”, ¿no es ella, acaso, la versión rusa 54 Sigmund Freud, “El humor,” en Obras Completas de Sigmund Freud , vol. 21 (1927; Buenos Aires: Amo- rrortu, 1990), 158. [Las cursivas son nuestras] 55 Aristóteles, Poética (1974; Madrid: Gredos, 1999). 56 Kentridge, K 5 , 205 [las cursivas son nuestras]. 57 “[E]l chiste sería entonces la contribución que lo inconsciente presta a lo cómico. De manera por entero semejante, el humor sería la contribución a lo cómico por la mediación del superyó ”. Freud, El humor , 161.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=