Malestar y destinos del malestar. Artes del descontento [volumen II]
La tragedia moderna entre realidad, arte y ficción / Geneviève Morel – 181 la figura de un zapallo o aquella de una panza. El superyó freudiano sumerge sus raíces en el ello , de suerte que la obscenidad y la agresividad de Ubú resultan per- fectamente compatibles con la materialización de un superyó cruel, tan inmoral como hipermoral, el cual tiene derecho de vida, de muerte y de pernada sobre todo lo que se mueve. “El humor – dice Breton – , como proceso que permite alejar la realidad en aquello que ella tiene de demasiado desolador, no se ejerce aquí más que a expensas del prójimo” 47 . Pero Ubú es también muy ambiguo frente a sí mismo y particularmente en Ubú encadenado –la continuación de Ubú rey –, donde deviene esclavo para dominar mejor a sus amos mediante el servilismo y el masoquismo. Breton evoca, entonces, su valor profético: “El superyó sólo se liberó de la aventura para reaparecer bajo el aspecto estereoti- pado, desolador, del cual van a participar a igual título el fascista y el estalinista. Se reconocerá que los eventos de estos veinte últimos años confieren al segundo Ubú un valor profético inapreciable, que se evoque la maniobra de los ‘hombres libres’ en el campo de Marte prolongada hasta nosotros por todas las pantallas del Mundo de un más que nunca entusiasta ‘Viva el enmierdamiento’ o la atmósfera de los ‘procesos de Moscú’ […].” 48 De hecho, Ubú es el soporte de una serie de obras de Kentridge que, creadas durante la Comisión Verdad y Reconciliación presidida por Desmond Tutu entre 1995 y 1998, consisten en dibujos burlescos, grabados, una pieza de teatro – Ubú and the Truth Commission – y un film de título elocuente: Ubú Tells the Truth 49 , donde el artista se pone en escena desnudo como Ubú mediante la sobreimpresión de su silueta sobre aquella del personaje inspirado por los croquis de Jarry. Se trata, en efecto, de un fre- cuente recurso de Kentridge, quién actúa en todos sus films, de preferencia a través de un doble dado el clivaje que, entre diversas posiciones, lo dividieron histórica- mente: es el hijo de una gran familia de blancos judíos de Johannesburgo, de origen 47 André Breton, Anthologie de l’humour noir (1966. Paris: Le livre de poche, 1984), 274. 48 Ibíd. Luego, Breton cita la pieza de teatro: “Padre Ubú (a su defensor): Señor, ¡perdón! ¡Cállese! Usted dice mentiras e impide que se escuche el relato de nuestras hazañas. Si, Señores, traten de abrir sus oídos y no hacer ningún alboroto: […] hemos masacrado una infinidad de personas […], sólo soñamos con sangrar, desollar, asesinar; sacamos los sesos todos los domingos públicamente, sobre un cerro, en la periferia, con caballos de madera y mercaderes de coco alrededor […] aquellos viejos asuntos son clasificados, pues tenemos mucho orden […]; es por ello que le ordenamos a los señores nuestros jueces de condenarnos a la pena más grande que sean capaces de imaginar, a fin de que ella nos sea proporcionada; no a muerte sin embargo […]. Nos veríamos encantados forzados, con un bello copete verde, harto de gastos del Estado y ocupando nuestras diversiones para módicos trabajos”. Alfred Jarry, “Ubú enchaîné,” en Ubú roi; Ubú enchaîné: comédie (Paris: la “Revue blanche”, 1900), 196-197. 49 William Kentridge, Ubú Tells The Truth , 1997. Film de 35 mm, proyección digitalizada. Art Institute of Chicago, Chicago, IL.
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