Malestar y destinos del malestar. Artes del descontento [volumen II]

180 – malestar y destinos del malestar Artes del descontento De acuerdo a Freud, el Witz de la graciosa historia de Heine reside en la elipsis que, al reprimir “familiar”, crea el neologismo “famillonario” por la condensación de “familiar” y “millonario“. Para Lacan, la invención del “paradójico” y “escanda- loso” nuevo vocablo, se acompaña de una creación de sentido o “paso-de-sentido”, el cual sería característico de la metáfora. No obstante, toda metáfora necesaria- mente se apoyaría sobre una metonimia subyacente mediante la cual se reenvía al contexto que, en este caso, corresponde a la evocación, contenida en la figura de Rothschild, de un tío millonario de Heine que, tratándolo con condescendencia, constituye el objeto metonímico en torno al cual se polariza la pulsión: el Witz , en el fondo, enmascara una agresión contra el millonario. De este modo, indica La- can, si el “objeto metonímico” de Hirsch-Hyacinthe es, por cierto, “ su millonario”, lo que de hecho sucede es que es “el millonario quién lo posee a él” 44 . Pues bien, la relación de Kovalyov con su nariz resulta análoga al desplaza- miento del valor recién mencionado. Aquel “no soy yo, el caballo no es mío”, como lo afirma Kentridge, “no es lo que el propietario de la nariz diría de su órgano olfativo, sino lo que la nariz podría decir de él” 45 . En efecto, finalmente es su nariz, parte metonímica de su cuerpo, quién posee a Kovalyov en todos los sentidos del término: lo vuelve loco, lo lleva por la punta de la nariz. La misma relación metonímica, el mismo deslizamiento del valor, se opera también entre Bujarin y el Partido: él creó el Partido, él creía que éste era una parte suya –y, quizás, la parte más preciosa–, pero fue el Partido quien, a fin de cuentas, lo poseía. Consis- tentemente, será un alto funcionario del Partido aquel que enuncie la frase “I’m not me, the horse is not mine”, la cual materializa, gracias a la Nariz de Gogol/ Shosthakóvich, el lado fantástico de este inverosímil deslizamiento del valor que, ante los espectadores demasiado hastiados, Kentridge restaura en su filo para im- pedirles banalizarlo. El triunfo del humor Como se recordará, en su Antología del humor negro , André Breton le consagró un capítulo a Ubú Rey de Alfred Jarry. Allí, Ubú deviene la encarnación misma del superyó : el “duro amo” del humor que, siguiendo a Freud, se deslizaría en el ello bajo la forma del huevo indicado en el famoso esquema del El yo y el ello46 . Por cierto, Ubú tiene precisamente aquella ovalada forma, incluso si es más bien pletas de Sigmund Freud , vol. 8 (1905; Buenos Aires: Amorrortu, 1991), 18. 44 Jacques Lacan, El seminario. Libro V. Las Formaciones del Inconsciente, 1957-1958 (1998; Buenos Aires: Paidós, 2010), 26. 45 W. Kentridge, K 5, Cinq thèmes (Paris: Jeu de Paume, 2010), 205. 46 Cf. Sigmund Freud, “El yo y el ello,” en Obras Completas de Sigmund Freud , vol. 19 (1923; Buenos Aires: Amorrortu, 1992), 1-66.

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