La ciudad como campo de estudio morfológico: Escenarios latinoamericanos en tiempos de crisis

120 02 Espacio público y proyecto urbano en la ciudad contenporánea 1. Globalización, inmigración y ciudad No sería viable comprender a los entornos urbanos contemporáneos sin tener en cuenta las circunstancias económicas y sociales en las que están in- mersos.Tampoco sería posible aceptarlos como elementos estancos e inmu- tables. En este sentido, para Borja y Muxi (2000) la ciudad actual es aquella que debemos repensar, inscripta en el contexto de la globalización. Como Muxí (2006: 1) señala hoy “la ciudad es considerada una inversión financie- ra, olvidando las coordenadas sociales, culturales, geográficas y ecológicas de cada ‘lugar’”. La ciudad de la globalización representa entonces un desafío, dados los crecientes cambios, desigualdades y movimientos que encarna. Por otro lado, la migración –que si bien es un fenómeno histórico e impa- rable, es además un proceso constitutivo de la globalización actual (Sas- sen, 2002)– ha resultado en diferentes grados de diversidad cultural en las ciudades-destino. Los llamados immigrant gateways asumen diferentes formas y esto se refleja en sus espacios públicos: en la proliferación de ce- lebraciones de diferentes culturas, mercados étnicos y otro tipo de expre- siones que se reproducen en las calles, plazas y espacios disponibles. Las localidades que reciben gran cantidad de inmigrantes han comenzado a evidenciar marcas indelebles que ponen en evidencia los diferentes niveles de integración social: las calles pueden convertirse en límites o conecto- res, las plazas se pueden transformar en lugares animados o abandonados. La ciudad se transforma tanto en su identidad como en su significado, su estructura y el imaginario que recrea en sus habitantes. Así, pues, la in- migración es un importante modelador urbano: cada ciudad ha tenido –y tendrá– que acomodarse en un camino que comprenda este fenómeno. En las distintas ciudades-destino la inmigración ha progresivamente dado lugar a situaciones de encuentro, multiplicidad de idiomas, costumbres y tradiciones. Existe bibliografía sobre cómo la diferencia –ya sea de edad, género, clase, discapacidad, etnia, preferencia sexual, cultura, religión– in- teresa al urbanismo en tanto cada grupo tiene diferentes demandas en la ciudad para llevar una vida plena, en particular en el entorno construido (Sandercock, 2000, 2003). El reconocimiento del derecho a la diferencia representa un desafío para la práctica de planificación ya que las normas y los valores de la cultura dominante no sólo están integrados en su marco legislativo, sino que también están incorporados en las actitudes, los com- portamientos y las prácticas de los planificadores locales. Concierne ade- más a la planificación en tanto requiere por un lado un acercamiento desde el punto de vista político, ya que demanda recursos que están en manos de los espacios de poder: tiempo, presupuesto, mecanismos de acuerdo. Y por el otro, un acercamiento inevitablemente físico: la creación espacios democráticos, representativos y de calidad. Una planificación más demo- crática y culturalmente inclusiva no sólo se basa en formas diferentes de

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