Universidad y discapacidad, diálogos críticos desde Latinoamérica
22 UNIVERSIDAD Y DISCAPACIDAD fomentar este cambio cultural: ¿vamos a las escuelas a char- lar a decirle que este es un espacio posible? ¿Participamos de las organizaciones de personas con discapacidad conociendo cuáles son sus necesidades? Es necesario que no solo nuestras investigaciones tengan algo que ver con los problemas de la realidad. En este sentido, me siento orgullosa de pertenecer a una red de universidades públicas argentinas que logramos incidir en las políticas, por supuesto con muchas dificultades, con falta de presupuesto y de recursos. Por ejemplo, un tema que es- tamos discutiendo en estos tiempos, es respecto de la cabida administrativa de la figura del intérprete en las universidades. Cada universidad hace lo que puede, sin embargo no existe un título habilitante de intérprete, y muchas veces lo aporta la familia. Bienvenidas estas discusiones, hace unos años no las hacía- mos así que, aunque tengamos garantizado el derecho de la educación pública, hay una desigualdad histórica que trasci- ende; aunque las esperanzas no hay que perderlas. Ronald Solís: Hasta ahora ambas Sandras han colocado sobre la mesa un marco de interpretación complejo y bastante in- teresante. Quisiera acotar algunas cosas que son oportunas desde nuestra experiencia valorar. En efecto, las universidades tienen ese carácter de excelencia aparentemente; digo apar- entemente, porque la excelencia académica está bajo modelos de producción de conocimiento, al cual acceden un sector de la población. Uno no puede negar que acceder a la enseñanza superior es una cuestión importante y mucho de la educación de los países en América Latina y en el mundo se valora en función del porcentaje o de años de estudio que tenga una per- sona. Por algunas revisiones que hice recientemente entiendo que, por ejemplo, Chile, Argentina y Brasil serían los países del cono sur donde los y las ciudadanas tienen más años de esco- laridad versus lo que pasa, por ejemplo, en este triángulo norte de Centro América. Entonces llegar a la universidad se presen- ta como una posibilidad de movilidad social, pero no debiera
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