Huella y presencia (tomo IV)
como también los de Windhaus, Kuhn, Szent-Gyorgy, Butenand y Kendall, en el descubrimiento de las estructuras de vitaminas y hormonas. Las lecciones de bioquímica de Cruz-Coke, saturadas de los nombres de estos ilustres protagonistas, nos hacían sentir invitados a participar de un espectáculo maravilloso, que estaba ocurriendo, contemporáneamente con nosotros, como parte de la aventura intelectual de la humanidad y sobrepasaba grandemente los marcos de la bioquímica. Cruz-Coke, como un poeta, nos enseñó la belleza de la Ciencia. Al término del curso, solicité al Profesor Cruz-Coke ingresar como ayudante-alumno al Instituto de Química Fisiológica y Patológica -como ahora se denominaba su Cátedra- y recibí la más cordial acogida. El clima del Instituto era de una proverbial amistad. Los ayudantes, sin excepción, profesaban inmenso respeto y cariño por Cruz-Coke, quien correspondía con un trato enaltecedor y cálido. Se había formado por esos años, alrededor de Cruz-Coke, un selecto grupo de colaboradores, Héctor Croxatto, Mardones Restat, José Calvo, Julio Cabello, Joaquín Luco, Vargas Fernández, Matte Blanco, Honorato, Fuenzalida y más tar- de Niemeyer, Plaza de los Reyes y Figueroa, que recibían inspiración y estímulo del maestro y la información novedosa que traía de sus viajes por Europa. Completaban los equipos de trabajo los químicos, Goemine, Hulsen y Victoria Prajoux, y un anúguo y meritorio preparador, don Luis Rodríguez. La vida del Instituto transcurría con horarios diversos para cada uno. No se había establecido aún, en los cargos académicos, la jornada com- pleta ni la dedicación exclusiva. Los médicos debían mantener cargos clínicos en los hospitales y la práctica privada, para lograr una renta sufi- ciente. Era habitual concurrir al Instituto después de otras labores y tra- bajar hasta altas horas de la noche. El Profesor Cruz-Coke asistía con frecue ncia en las tardes y sus ayu- dantes lográbamos interrumpir nuestros trabajos y reunirnos con é l en la Biblioteca del Instituto, a la hora del té. Cruz-Coke desarrollaba las reuniones con temas que se extendían desde los más recientes descubri- mientos científicos, a las noticias del día, los acon tecimientos culturales o la política del momento. Su profunda inquietud humanista ilustraba ricamente las reuniones, con citas y comentarios sobre Bergson, Theitlard de Chardin, Valery, Peguy, Goethe, Rilke, García Lorca, Neruda. Asistían a veces al laboratorio, a compartir las reuniones, destacadas personalidades, amigos de Cruz-Coke, como Alejandro Lipschutz, Alfon- so Leng, y distinguidos visitantes como Houssay, Best, Evans, Pasteur Valery-Radot y muchos otros. Se cuenta que hubo un tiempo cuando no llegaba al país personali- dad ilustre a lguna, escritores, científicos, artistas, historiadores, filóso- fos, políticos, sin visitar a Cruz-Coke. 63
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