Huella y presencia (tomo III)

PROF. M ARIAN<;El.A MAGGIOI.O ocupación por la atención médica hasta entonces principalmente en manos de las órdenes religiosas provenientes de Europa y, sin duda, de las machis y curanderos. Es así, como en 1833 se inicia el primer curso de ciencias médi- cas en el Instituto Nacional que en aquellos tiempos era una institución de estudios medios y superiores, creándose sólo en 1842 la Facultad de Medici- na al fundarse la Universidad de Chile. Asimismo en el año 1834 se firmó el decreto que creaba la Escuela de Obstetricia para mau·onas en un contexto en que el gobierno portaliano fomentaba un sistema de escuelas estatales para formar personas capaces de resolver los problemas de salud que en- frentaba el país en ese entonces. En los años siguientes las experiencias recogidas en Europa por médicos que viajaron hasta allí para perfeccionar sus estudios, así como la llegada de profesionales europeos para incorporar- se a la enseñanza de la medicina en Chile fueron el mejor móvil de prestigio y adelanto en este campo. A la creación de las escuelas anteriores le sigue la de la primera Escuela de Enfermería en 1902 en el Hospital San Borja. La formación de mujeres en el campo de la enfermería no estuvo exenta de amenazas provenientes de prejuicios sociales y religiosos que hacían ver no con buenos ojos el ejercicio de esta labor al amparo de una formación laica. A pesar de que el ciclo hegemónico de Europa sobre e l mundo había comenzado a debilitarse, el viejo continente aún marcaba nuestra cultura a comienzos del siglo XX. La ciencia había perdido la unidad del pensamiento científico y se con- solidaron las especialidades y el perfeccionamiento de los instrumentos y métodos de investigación. En este escenario, disciplinas como la química, la fisica y la biología adquirieron dimensiones espectaculares sustentando, en gran parte, el desarrollo de notables mejorías en las condiciones de vida de las personas y, en particular, la modernización de las ciencias médicas propi- ciando la formación de especialistas en este campo. Inevitablemente la di- versificación del conocimiento genera también la especialización de la acti- vidad del hombre y nuestro país no estuvo ajeno a esa realidad. De este modo, se crea la necesidad de contar con personas especialistas en diversos campos de la salud, observándose el surgimiento de la mayoría de las escuelas originarias alrededor de la segunda mitad del siglo XX. Nace así la Escuela de Tecnología médica en el año 1960, cristalizando la forma- ción profesional de los antiguos técnicos laborantes, quiénes se constituye- ron desde la década del cuarenta en un verdadero pilar de apoyo al queha- cer médico, especialmente en lo que respecta a las técnicas de diagnóstico. Por su parte, la profesión de kinesiólogo fue formalizada por donjuvenal Hernández en 1947 constituyéndose de ese modo en una profesión especí- fica y desvinculándose de la Educación Física de la cual era un postítulo hasta antes de la firma de este decreto. Se integraba así como una disciplina más de la salud. En una época cercana, algunos años antes, las nutricionistas de entonces lograron también formalizar su formación, resaltando aún más la importan- 121

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