Huella y presencia [tomo I]
HUELLA Y PRESENCIA y cuanlos no podrían gozar a sus anchas de los placeres corporales, a los cuales cabe, si se quiere, sumar los espiriluales en quienes los desean, siempre que no invadan demasiado el campo de los primeros. La persona merece vivir, no si le encuenlra sentido a eso, sino si es dueña de rendir y de gozar en cada momento dentro de lo máximo posible para un hombre sano y en su plenilud anímico-biológica. Debido a eso se ha convertido en primordial el afán de dominio lec- nológico y la lécnica es cada vez más sutil y compleja, obligando a una dedicación continua a ella, sin desligarse ni un inslanle, pues su desarrollo avasallador hace lemer graves relrasos, si por un descuid6 la persona se deja alraer por otras cosas. Como en general quienes se entregan a ese campo, son dentro de una sociedad, los mejores dotados, los que podrían a su vez enriquecer la realidad en los niveles más espirituales, pero para los cuales ahora carecen de tiempo, la sociedad va quedando en grave merma de lo último. Ahora, si lo espiritual es lo proporcionadorde sentido, la vida postmoderna se va haciendo cada vez más cómoda. Pero también más aburrida y sin sentido. Indudablemente las ideologías y utopías de la modernidad engendra- ron tedio y desconfianza, pues las guerras y crueldades de este siglo no las avalaban , pero lo que a nuestro juicio marca el giro histórico hacia la postmodernidad con su adoración por la tecnología, es la biología con el descubrimiento del código genético, la generación in vitro, los trasplantes de órganos y todo lo que hace creíble la fabricación de un hombre; a ello se agrega el manejo creciente de la bioquímica del cerebro y las nuevas terapéuticas verdaderamente curativas, con lo cual se ha acrecentado al extremo la confianza en poder disponer a gusto de la salud del propio cuerpo. Causa más bien extrañeza el que sigan existiendo palologías in- curables, pero se espera con fe, que de un momento a otro eso se acabe. Es esta posibilidad casi mítica de autocrearse y autoperpetuarse en buen eslado por un plazo prolongado, más que los descubrimientos de la física de Einstein y Plank, que nos llevaron a revolucionarias concepciones de la materia, del tiempo y del espacio, lo que ha roto la historia de la mo- dernidad, para reemplazarla por otra historia, ésta en que hoy vivimos. Ahora , es necesario alejar una fácil disculpa respecto al hecho de que el hombre actual sea ciego para cuanto queda fuera del trozo tecnológico que abarca, pues requeriría tal entrega, que no permite ratos disponibles para algo diverso; en verdad eso no es cierto, pues deja tiempo para mucho, como lo muestran notables investigadores actuales, que más allá de lo suyo, cullivan con esmero las artes, la filosofía o las letras, sintiéndolo como una necesidad venida desde lo más íntimo. Lo que pasa en el común de los casos es que el espíritu actual se ha hecho permeable sólo para las ciencias experimentales y la tecnología, porque se ha deslumbrado e imantado por las posibilidades que le abren para construirse el sagrado recinto de su propia corporalidad. Lógicamente que esta atracción fascinada se da con 124
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