Nos seguimos movilizando: la revolución será feminista o no será

95 En el colegio teníamos un profesor que había que evitar. Todas sabíamos que no teníamos que quedarnos solas con él. Todas sabíamos, pero ninguna de- cía nada. Porque así era. Porque «tampoco era para tanto», sabíamos cómo era, pero lo encontrábamos inofensivo. Solo era un viejo verde más. Muchos años después, leí en redes sociales como una estudiante, varias generaciones más jóvenes, lo denunció. Porque con ella no había sido tan inofensivo como creíamos. Después de esa denuncia, pasé días pensando en cuánto mal rato le habríamos ahorrado a niñas de tantas generaciones si solo una hubiese dicho algo. Pero solo éramos niñas, y así eran las cosas. Cuando fue la toma feminista, ya llevaba seis años trabajando como pro- fesora asistente en la FEN. Siempre habíamos sido pocas mujeres, pero en esos momentos era la única profesora del Departamento de Economía. Por eso me pidieron que fuera, junto con otros profesores, a conversar con las estudiantes de la toma sobre su petitorio. Venía fin de semana largo y más de alguno teníamos planes con nuestras familias. Pasaban las horas y en un momento especialmente tenso de la conversación, una estudiante nos señaló que ellas deberían estar dedicadas a sus estudios y no a pelear por hacer de la Facultad un ambiente libre de acoso. Al finalizar la reunión, me acerqué a las estudiantes y no pude contener la emoción al pedirles disculpas, porque era nuestro rol el darles ese ambiente libre de acoso, porque nuevamente no habíamos hecho nada. Lloré con ellas. Por el estrés, el cansancio, porque no sabíamos en ese momento si iba a pasar algo. Ahora a un par de años de la toma feminista, miro con optimismo como han ido cambiando las cosas. En el Departamento de Economía ya somos tres profesoras y esperamos que eso siga aumentando con los años, porque ahora estamos haciendo esfuerzos para que las cosas cambien. Porque las es- tudiantes se atrevieron y dejaron de normalizar lo que para muchas de no- sotras generaciones antes había sido normal. Y porque gracias a esto, ahora confío en que las niñas nunca más considerarán que es su responsabilidad evitar quedar solas con un profesor. Valentina Paredes, académica, Facultad de Economía y Negocios.

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