Salud mental universitaria: voces, trayectorias y prácticas situadas

24 • SALUD MENTAL UNIVERSITARIA juega la edad en tanto factor de riesgo (Auer- bach et al., 2018; Martínez et al., 2021). En ten- sión con aquello, recordemos que Alexander Mair ,profesor de Medicina Social y Preventi- va en la Universidad de St. Andrews en Reino Unido, afirmó tempranamente en 1961 que las enfermedades mentales debían ser conocidas como un peligro al que los estudiantes univer- sitarios son especialmente propensos (Crook, 2020); afirmación que explicita la noción de una exposición diferencial en salud para el grupo de jóvenes universitarios. Resulta inte- resante reflexionar en torno a la noción de una exposición diferencial frente a la consistente evidencia empírica que demostró, por muchos años, que más años de escolaridad represen- taban un importante factor protector en salud mental, es decir que amayor nivel de estudios, el riesgo de presentar psicopatología seríame- nor (Vicente et al., 2002; Florenzano, 2018). Una aproximación más reciente, el Estudio Longitudinal Social de Chile (ELSOC), constata una relación positiva entre nivel educacional y la saludmental, reflejado, por ejemplo, en que la prevalencia de síntomas de depresión mo- derada-severa a severa es del orden de cuatro a cinco veces mayor en personas con educación básica, relativa a personas encuestadas con estudios universitarios (COES, 2018). De hecho, en el último tiempo, se levanta- ron interrogantes respecto a que este factor opere de igual forma para quienes cursan una carrera universitaria, tras conocerse la alta prevalencia de trastornos mentales en estu- diantes universitarios tanto en el país como a nivel internacional (Minsal, 2017; Barrera y SanMartin, 2021; Storrie, 2010; Alarcón, 2020). Es decir que, contraria a la figura de que los años de escolaridad sean un factor protector, la convergencia actual de una serie de circuns- tancias podría contribuir a que el estudiantado represente más bien una población de riesgo más o menos alto para la ocurrencia de pro- blemas de salud mental. Ahora bien, si hace- mos referencia a una exposición diferencial en salud mental para estudiantes del sistema de educación superior , convendrá detenerse en la pregunta: ¿qué implican tales coordenadas? Una de las aproximaciones explicativas de la etiología de estos malestares apunta al mo- mento vital que atraviesan los/as universita- rios/as. Desde una perspectiva de la psicología del desarrollo, una herramienta conceptual para pensar la juventud es la noción de la adul- tez emergente (Arnett, 2000; Arnett, 2004) que comporta el ciclo de los 18 a los 29 años. Este periodo, por cierto lleno de ambigüedades, se aleja de la adolescencia más no abarca pro- piamente la adultez. Dado que se trata de una etapa culturalmente construida, se destacan los emergentes de la investigación de Barrera, yVinet, (2017) respecto a la adultez emergente en jóvenes chilenos que, si bien señala que no es posible generalizar sus hallazgos, dan una idea de lo que está en juego para los/as univer- sitarios/as chilenos/as en esta etapa vital. En tal sentido, la juventud condensa un pe- riodo en el que tiene lugar la construcción y posterior consolidación de la identidad perso- nal, lo que presenta complejidades y desafíos dado que los/as jóvenes perciben en el mundo adulto “cierto temor y suspicacia por las altas responsabilidades que les atribuyen y para las cuales no se sienten preparados” (ibíd., p. 54). Sumado a ello y propio de un familiarismo cultural, los jóvenes se sentirían presionados

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