Salud mental universitaria: voces, trayectorias y prácticas situadas

SALUD MENTAL UNIVERSITARIA • 13 socio-históricos que dan paso a la lógica de los “derechos del hombre y del ciudadano”, cuya expresión paradigmática fue la elaboración del concepto de alienación mental por Pinel, a través de una “mutación antropológica radical” (Swain y Gauchet,1980), donde la “enfermedad mental” fue dando paso a nociones propias de la vida común y donde los discursos, es decir, saberes y prácticas pertenecientes al ámbito exclusivo de la medicina, fueron dan- do espacio a otras formas de comprensión e intervención (Aceituno, 2011). Desde ahí, las problemáticas individuales resultaban perti- nentes en función del rol del Estado y de sus políticas públicas asociadas (Gauchet, 2007). Cuestión que implicará desde entonces una relación ineludible entre la saludmental como problema individual, posible de ser tratado desde una lógicamédica, hacia una política de salud que levantará otras perspectivas sociales y culturales. Políticas y prácticas de saludmental en el contexto de la condición neoliberal Las condiciones de saludmental de individuos y colectividades se encuentran determinadas por las políticas de salud (mental) de las so- ciedades en el contexto histórico de su imple- mentación. En lo que respecta a la época con- temporánea, que para nuestros efectos remite a la condición neoliberal —de la cual nuestro país representa una expresión paradigmática y, en cierto modo, inaugural—, se trata de un modo de relación entre individuo y sociedad donde el peso ideológico sobre el desarrollo subjetivo (y social) descansa en la exigencia puesta sobre el individuo, precisamente, a tra- vés de la lógica del emprendimiento, el acceso a bienes y servicios a partir del endeudamiento crediticio y una creciente individualización del “bienestar” a costa de unmenoscabo sostenido de los soportes sociales o comunitarios. Los problemas de salud mental vienen a expresar muchas veces los imperativos de “logro” a es- cala individual, cuyas dificultades se traducen en lo que Ehrenberg denomina acertadamente “la fatiga de ser unomismo” (Ehrenberg, 2000). En este contexto, las políticas públicas de salud en general, y de la salud mental en particular, se han visto progresivamente me- noscabadas en cuanto al rol del Estado para su diseño e implementación institucional; lo que, en condiciones críticas como la pan- demia por COVID 19, se expresa elocuente- mente. Las situaciones de crisis, de trauma- tismos, ponen en evidencia condiciones ya existentes, y revelan las fragilidades propias de la estructura y la dinámica social. Resulta evidente que en Chile se ha experimentado un retroceso respecto al acceso a servicios de salud públicos, lo que ha implicado a la salud mental. Los avances en procesos de integra- ción de las perspectivas comunitarias a los en- foques clínicos, no ha ido a la par de recursos estatales necesarios para su implementación efectiva. Si bien diversas reformas han per- mitido incorporar a la salud mental dentro de los servicios electivos de salud (atención primaria, COSAM, AUGE, etc.), resulta evi- dente que el acceso a los servicios queda li- mitado a la oferta privada de alto costo. Así, por ejemplo, cabe hacer notar que el consu- mo de medicamentos psico-activos es de alta prevalencia, aun cuando el costo de fármacos se encuentra entre los más altos del mundo. Resulta elocuente que la mayor proporción

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=