La vida de las mujeres teporeras de la región de O'Higgins: hogar, trabajo y salud

32 semana que corresponde.” Ana, que es la única entrevistada con un puesto de trabajo permanen- te, piensa que sería una oferta tentadora si la llamaran de otro fundo para ir a trato en el período de la cosecha. Sin embargo, luego se retracta y aclara: “O sea, igual es mejor esto, porque aquí tengo pega todo el año.” Después agrega: “Yo estuve trabajando quince años de temporera, y después ya pasé en el 2020 a trabajar de planta . Ese mismo año quedé embarazada. Tuve a mi hija más chiquitita y después mi jefe me llamó y me dijo que existía la posibi- lidad de pasar a contrato indefinido, y yo le dije altiro que sí. No lo pensé, le dije que sí altiro (…). Lo mejor es que uno no tiene meses parada. Cuando se terminaba el contrato, después de la vendimia, me quedaba sin trabajo en junio y julio, en cambio ahora no, po ’. Ahora uno tiene estabilidad, todos los meses sabe que va a tener plata . En cambio, antes una tenía que decir, ‘chuta , hay que guardar para el invierno’.” En resumen, las modalidades de trabajo al día y a trato permiten cierta flexibilidad y adaptabilidad, pero son formas de empleo muy inestables. Los relatos de las mujeres resaltan que, en realidad, las irregularidades e informa- lidades asociadas a la subcontratación son el mayor problema del trabajo temporal. Aquí es donde la figura del contratista - persona o empresa em- pleada por el fundo para subcontratar personal - toma una gran importancia en las experiencias de vida de las mujeres temporeras de O’Higgins. La problemática figura del contratista Especialmente en temporada alta, según relatan las mujeres de este estudio, las y los trabajadores agrícolas son subcontratados a través de un contratista. Éste último es quien los recluta, contrata y traslada, en coordina- ción con los fundos que desean externalizar el empleo de trabajadores. El contratista cobra una comisión de la labor realizada a cada trabajadora o trabajador; lo que las temporeras llaman “la tajada del contratista”. Su figura es muy controversial en el mundo agrícola porque tiende a ser asociado a irregularidades en los contratos, pagos, sueldos, y estándares de seguridad.

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