Estudios y reflexiones desde entornos latinoamericanos
124 voces ajenas en el propio decir es inevitable en virtud del marcado carácter social del enunciado. Además de plantear la imposibilidad de asignar propiedad autoral a la palabra, esta idea implica un serio cuestionamiento a la figura del sujeto individual, y coloca a la alteridad como un elemento central para pensar los procesos de generación de sentido. La enunciación presenta un estatus dialógico que presupone la existencia de un otro (así como un yo) y “ hacia el cual se orienta la creatividad ideológica del grupo social y de la época a la que pertenezcamos ” (Voloshinov, 1929, p.121). Para esta corriente teórica, lo que se pone en juego en el acto de enunciación es la responsabilidad de quien toma la voz (la puesta en enunciados orales o escritos, es decir, la enunciación) y la posición ética que asume al hacerlo. Es en este sentido que puede afirmarse que “ en el ser no hay coartada ” (Bajtín en Bubnova, 2006, p.103): no se puede renunciar al compromiso con otros inherente al lenguaje, así como es indisoluble el vínculo del sujeto (su mismidad en tanto hablante) con la comunidad de la que forma parte. Para ilustrar la importancia de la relación con lo social, Voloshinov (1929) recurre a la metáfora: “ en la palabra me doy forma a mí mismo desde el punto de vista del otro, al fin de cuentas desde el punto de vista de mi colectividad. La palabra es el puente construido entre el yo y el otro ” (p.121). En consecuencia, una comprensión adecuada del fenómeno discursivo presupone la necesidad analítica de vincularlo al contexto social en el que opera. La puesta en discurso (el acto de la enunciación) es un acto tópico, ocurre en un lugar, responde a un contexto más amplio y, en la medida en que se orienta a otro, es también un acto ético. Las palabras no son meras entidades abstractas pertenecientes a la estructura formal de la lengua, sino que, por el contrario, el enunciado está condicionado, en términos de Voloshinov (1929), por la “ situación social más inmediata ” y por una “ situación social más englobadora ” (p.120). Cruce imaginario: comunidades imaginadas y alteridad nacional En revisiones teóricas sobre la noción de imaginario ( v. g. Strauss, 2006) se suele advertir acerca de la ambigüedad y los múltiples sentidos que porta un término tan difundido como difuso, usado casi como un comodín retórico. Para Backzo (1991), los medios de comunicación y los mensajes publicitarios han contribuido a “ inflar ” esta palabra. Por tal razón, al introducir este concepto es necesario establecer algunas precisiones para evitar tanto la confusión con el uso cotidiano del término (en general adjetivo), como la fusión con
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