Migraciones transnacionales: inclusiones diferenciales y posibilidades de reconocimiento

De la pregunta por la Diversidad Cultural en la Escuela a la Fiesta Multicultural – 211 estas mujeres, sigue existiendo una “secundarización” de éstas en las sociedades de acogidas, dado que prevalecen modelos patriarcales que reducen su participa- ción en el ámbito laboral a través de la segregación de los mercados. Tal segre- gación para las mujeres migrantes refiere principalmente a la discriminación de género, clase y raza. Marco Teórico Feminización de los circuitos migratorios internacionales Observar a las mujeres en los circuitos migratorios desde un enfoque de género supone entender cuál es la posición que ocupan respecto de los hombres en el desarrollo de sus trayectorias migrantes. La feminización de los circuitos migra- torios debe ser entendida como la creciente y mayoritaria presencia de mujeres en los actuales corredores de movilidad humana entre países sur-norte, sur-sur u otras direcciones. De acuerdo a esto, Gil (1997) sostiene que las mujeres fueron invisibilizadas en los estudios migratorios con enfoque económico y, por lo tan- to, no hubo una mirada de género que la distinguiera de su par masculino. En este sentido, interpretar que hombres y mujeres tienen las mismas motivaciones para emigrar, es anular las identificaciones de estructuras que subyacen a las rela- ciones entre hombres y mujeres. Durante la década del ’80, bajo la mirada de Morokvasic y Phizacklea, se visibilizará a la mujer, no como un reflejo de la migración masculina, ni tam- poco bajo una mirada estereotipada, como critican las autoras, sino, desde la compresión de la sociedad de origen de aquellas mujeres migrantes, en las que generalmente, carecen de recursos económicos, lo que las incentiva a emprender el viaje, muchas veces a causa de los marcos patriarcales en la sociedad de origen, generando su huida de aquellos espacios de represión, sumado a otros factores como la violencia psíquica, física o relaciones sentimentales conflictivas (Guz- mán, 2011). Se establece, en este momento, que las mujeres serán parte de una dicotomía que estaría entre lo público y lo privado, donde son observadas como bajo un rol social/privado/reproductivo, mientras que los hombres, serán visto como seres económicos/públicos/productivos. Esta distinción repercutirá, se- gún Izzard en Gil (1997), en que las mujeres queden enmarcadas en la familia. La migración femenina será concebida, entonces, como una extensión del ámbito reproductivo, y no como una emigración laboral autónoma o por cuenta propia, sino que como acompañantes de los hombres migrantes.

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