Migraciones transnacionales: inclusiones diferenciales y posibilidades de reconocimiento

138 – migraciones transnacionales miento de las normas que derivan del Ministerio de Educación de Chile. De esta forma, los procesos de inclusión hacia la población migrante dependerán –mu- chas veces– de la voluntad política de quienes encabezan el gobierno local y de los/as directores/as de los establecimientos educacionales, que las orientaciones que el Ministerio de Educación elabora al respecto. Al analizar la gestión de los gobiernos locales es legítimo preguntarse qué ac- ciones, más allá de las normas de carácter nacional, han podido implementar en orden a promover la inclusión y reconocimiento de los/as estudiantes migrantes o qué diferencias pueden existir en cuanto al tratamiento de la diversidad en los centros educativos de su administración. En ese marco, el objetivo de este artículo es exponer los resultados de una investigación que tuvo como foco analizar los procesos de inclusión educativa en tres centros de educación secundaria de la ciudad de Santiago, dependientes de tres municipios con alta presencia de población migrante, indagando en las acciones y estrategias que llevan a cabo para promover la inclusión de sus estu- diantes migrantes. Elementos teóricos La ocde (2015) ha definido a niños, niñas y adolescentes migrantes como un grupo de máximo riesgo social y hace hincapié en la necesidad que se definan políticas públicas para su apoyo. En esa línea, la institución escolar es relevante, porque se asume que la educación es un campo significativo para el trabajo con niños, niñas y adolescentes migrantes, dado que la escuela determina las posi- bilidades de integración, inclusión y cohesión social para ellos/as y sus familias (Poblete y Galaz, 2017). De hecho, la acción de la escuela en contextos migra- torios puede aportar a la generación de un nuevo sentido de comunidad, que muestre que la frontera entre los grupos diversos que entran en articulación en los espacios educativos es una frontera social trazada y mantenida por medio de elementos culturales (García y Sáez, 1998), los que pueden ser modificados para un nuevo tipo de convivencia. Sin embargo, no cabe duda que la presencia de niños, niñas y adolescen- tes migrantes tensiona al sistema educacional en su conjunto, y muchas veces su incremento puede ser percibido como una amenaza e incluso un problema en los centros educativos que los reciben (Ortiz, 2008). Esto puede traducirse en prácticas asimilacionistas que afectan el tránsito de los y las estudiantes por el sistema educacional condicionando sus trayectorias educativas, las que pueden

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