Juventudes en Chile: miradas de jóvenes que investigan [volumen 2]

Caminos de vida y aprendizajes posibles en privación de libertad. – 323 rituales mediáticos” (p. 19). De esta manera, la sociedad tiende a sustantivizar a quien ejerce delitos, en- tendiéndolo como un atributo o característica ontológica de una persona, y no un acto circunstancial de transgredir una norma, en la que puede caer cualquier sujeto (Silva Baleiro, 2016). Esta sustantivización se encuentra respaldada en es- tereotipos, discriminaciones y prejuicios que configuran una fisonomía del de- lincuente en el imaginario social, el cual se encuentra alimentado por los medios de comunicación masivos, constituyendo una estética del delincuente que crimi- naliza, finalmente, al sujeto joven popular (Zaffaroni, 2005; Silva Baleiro, 2016). Por último, es importante señalar que los jóvenes tienden a reforzar también cierta imagen de ellos mismos, la cual hacia dentro del Centro —y con sus pa- res— incorpora bastante de los elementos de esta sustantivización del delincuen- te. En ese sentido, hacia el interior del Centro, los jóvenes adoptan la identidad del “delincuente”, reconociéndose entre sus pares como ladrones o traficantes, según prácticas sociales compartidas, compitiendo entre ellos según quién tie- ne mejor ficha delictual, o si el delito cometido tuvo mayor alcance mediático. Podemos decir que estas prácticas sociales compartidas por parte de los jóvenes hacen parte de cierta cultura juvenil 4 —marginal—, que tiene expresiones en la vestimenta, en la música y en el tipo de delitos que cometen. Hacia la externa, en cambio, el discurso en el que sustentan su identidad refiere a negarla, ya que son conscientes de la imagen que los medios de comuni- cación y la opinión pública han generado sobre la delincuencia y el delincuente juvenil. Al respecto, uno de los jóvenes entrevistados señala lo siguiente: Porque la sociedad igual nos discrimina a nosotros los de sename po’. De los que están presos, porque para ellos somos como gente inservible, gente delin- cuente. ( Joven detenido en el cip) De esta manera, desarrollan un discurso que resulta deseable socialmente y coherente con el imaginario de doble minoridad, donde se culpan por lo que hicieron refiriéndose a su inmadurez o la falta de adultos que se hicieran respon- 4 Por culturas juveniles vamos a entender “la forma en que, colectivamente, los jóvenes expresan sus prácticas y experiencias sociales mediante la (re)producción de estilos de vida diferenciados sobre todo en el campo del tiempo libre y de los espacios intersticiales en la vida institucional. En un sentido más restringido, el término define la aparición de “micro-sociedades juveniles” las cuales ofrecen espacios y tiempos específicos para los jóvenes. Además, tales “micro-so- ciedades” presentan grados significativos de independencia respecto a las instituciones “de los adultos”” (Feixa, 2012: 2).

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