Juventudes en Chile: miradas de jóvenes que investigan [volumen 2]
322 – juventudes en Chile: miradas de jóvenes que investigan. volumen 2 Los márgenes de lo que son y hacen los jóvenes que están en el cip son mucho más difusos, ya que los sujetos que se encuentran internados, muchas veces asu- men roles en su contexto familiar y personal que corresponden a una persona adulta. Según un estudio realizado por el asr (2017) del cip San Joaquín, la mayor parte de las familias de los jóvenes que se encuentran dentro de su programa son monoparentales o monoparentales extensas (71%) y el principal vínculo afectivo que desarrollan es con sus madres (77%). De esta manera, señalan en las entrevis- tas realizadas que son “el hombre de la casa” —sobre todo por la ausencia de sus padres— y, por lo tanto, su rol en sus familias corresponde a abastecer económi- camente a su madre y hermanos/as, e hijos/as en algunos casos Esto da cuenta del carácter relacional del concepto de juventud que señala Bourdieu (2002). Al interior del cip, los márgenes de la minoría de edad se vuel- ven difusos a la hora de definir las prohibiciones y permisos. Se les restringen las visitas de sus parejas —pololas— e hijos por ser menores de edad, sin embargo, existen momentos específicos dentro de su rutina para fumar y cada joven tiene asignada una cuota de cigarros diarios, aun cuando la venta de cigarrillos a me- nores de edad se encuentra prohibida en Chile. De esta manera, los jóvenes son considerados como menores y no aptos para algunos roles, y para otros sí. Lo que se expresa con esta manipulación de términos en el Centro es una dimensión del adultocentrismo, que tiene que ver con ejercer control sobre el cuerpo y las emociones de los jóvenes, según la conveniencia de la institución. Otro elemento que resulta interesante señalar respecto de los jóvenes del cip refiere a los distintos sistemas de dominación en los que se encuentran como oprimidos. Uno de ellos alude a su condición de menores de edad en el sistema adultocéntrico, pero otro también a la clase social, siendo ellos pertenecientes a la clase social más baja y menos privilegiada —e inclusive dentro de ella, del sec- tor más marginal—. En ese sentido, los jóvenes del Centro son concebidos desde una doble forma de minoridad —o de imposición de poder— hacia los jóvenes que cometen delitos: por ser menores de edad, y por su condición de “antisocial” en conflicto con la justicia. Parece ser que los jóvenes del cip han perdido también la identidad de joven, ya que pasan a ser concebidos únicamente como “delincuentes”, que se represen- ta socialmente bajo la imagen del pobre. Al respecto, Tsukame (2017) señala que se constituye la imagen del delincuente como un sujeto precarizado, vulnerado y extraño al resto, el cual se encuentra “no integrado por la educación ni por el tra- bajo; criminalizado por la actuación de los organismos de control; desacreditado en su identidad y expuesto como un “otro” antisocial y violento, en repetidos
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