Estudios en homenaje a Alfredo Matus Olivier. Volumen I

– 548 – Estudios en homenaje a Alfredo Matus Olivier conducta e instintos. De ella dependen, pues, nuestros instintos, nuestros actos reflejos y automáticos, al transformar un estímulo en un proceso nervioso que llega al núcleo de ese sistema; y desde allí, mediante la operatividad de una serie de neuronas –que se hallan por toda la corteza cerebral– transmiten su actividad a unas glándulas o músculos, que consecuentemente reaccionan. Un segundo y complejo grupo de memorias contiene las m. inmediatas, ’a corto plazo’ y la memoria ‘a largo plazo’, que comentaremos 3 . Las de ‘largo plazo puede ser explícita ( o declarativa) o implícita ( procedimental). La explícita puede ser episódica o semántica; mientras la implícita puede ser emocional, de habilidades motoras cognitivas o aprendizaje condicionado. De todas ellas lo que más nos interesa en este momento es la semántica , que encierra todo el conocimiento de los signos lingüísticos, conceptos, esquemas estructurales, etc. El significado de los signos-palabra se acumula en varias regiones de nuestro cerebro activando una serie de redes neuronales complejas y muy distribuidas en diversas áreas y circuitos. Conviene advertir que cada neurona puede interconectarse con otras muchas de distintas áreas y funciones; y cada función –en este caso ‘de memoria (>lenguaje) está compartida por muchas neuronas de distintas áreas y circuitos. Esta memoria de que venimos hablando es consciente, mientras que otras, como la filogenética, pueden ser inconscientes. Nuestro conocimiento del mundo de la realidad o irrealidad se fija en diversas zonas neuronales a través de sus huellas. Estas se producen por la intercomunicación bioquímica> eléctrica de las sinapsis, que son los procesos de comunicación de células y neuronas. Cuando se re-producen esos procesos neuronales, idénticos o semejantes a otros precedentes, las neuronas, sensibilizadas, evocan el mensaje transmitido la primera vez, en su totalidad o parcialmente. Es decir, que la capacidad de recordar seres, entes, personas, objetos, hechos, sucesos, etc. exigen unos sistemas neuronales sensibilizados que permiten evocar y codificar el nuevo mensaje y su coincidencia con el precedente equivalente. Su importancia es extraordinaria pues se ocupan del lenguaje, de los recuerdos y, en buena parte, del pensamiento. El tipo de memoria episódica o autobiográfica es la que nos permite viajar en nuestro tiempo. Todas esa huellas que acabamos de mencionar tienen un ‘centro de operaciones’, que es el hipocampo –en el núcleo del cerebro– que coordina, entre otros muchos procesos, el de los recuerdos, apoyándose en el lóbulo frontal y en el medial-temporal, centro de decisiones del lenguaje y del pensamiento. La memoria emocional participa de la implícita y la explícita, se ocupa de nuestros sentimientos positivos y negativos, y de la presión sanguínea. Y bien, las ondas acústicas que percibimos al comunicarnos, por sí solas, ni siquiera son capaces de transmitir mensajes al cerebro, sino que al llegar al 3 Tomamos esta clasificación de García García (cit.), pp. 23 y sigs.

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=