El patrimonio arquitectónico industrial en torno al ex ferrocarril de circunvalación de Santiago: testimonio del desarrollo industrial manufacturero en el siglo XX
El gobierno de la época fomentó la creación de organismos privados que agruparan hombres de una misma actividad como la minería y la industria como una forma de im– pulsar el desarrollo de dichos sectores, surgiendo estos en forma posterior a la crisis de 1873-1876. En septiembre de 1883 el Ministro de Hacienda Pedro Lucio Cuadra dirigió una nota a la Sociedad Nacional de Agricultura, SNA, existente desde 1848 aduciendo las estrechas relaciones existentes entre la agricultura y la industria fabril y solicitando la cooperación de dicha sociedad para promover una organización que siguiendo este mo– delo incentivara la actividad industrial y prestara una cooperación a la recién instalada Sociedad Nacional de Minería, SONAMI. Aunque hubo intentos previos por grupos de industriales como La Industria Chilena, y la Sociedad Industrial de Valparaíso, aún no se lograba consolidar una sociedad de indus– triales hasta que se funda el 7 de octubre de 1883 la Sociedad de Fomento Fabril, SOFOFA en el seno de la Sociedad Nacional de Agricultura, SNA, siendo sus gestores Larraín Moxo, Julio Tiffou, Antonio Subercaseaux, Benjamín Velasco, Federico Gabler, Carlos Klein, Enrique Lanz, Carlos Hillmann, y Ernesto Muzard. Su primer Presidente fue Agustín Edwards y a los anteriores integrantes se agregaron como consejeros Guillermo Puelma, Diego Mitchell, Victor Riesco, Salvador Izquierdo, Roberto Lyon, Julio Bernstein, Santia– go Crichton, Luis Osthaus y Enrique Stuven. Más que industriales se trataba de hombres de negocios que participaban en diversos sectores económicos y financieros. Entre 1883 y 1896, 32% de los participantes de la sociedad eran no industriales y del 68% restante 13% eran molineros y 55% poseían fábricas 16 . Lo anterior permite comprender la existencia de un discurso privado que fomentara la industrialización, porque como lo indicaba el Ministerio de Hacienda prácticamente no había industria en la época. A una semana de fundada la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA), el discurso pronunciado por el ministro Cuadra decía: Al dar una ojeada re– trospectiva al progreso industrial y económico del país, hay mucho, sin duda, que puede ha– lagarnos y aún enorgullecernos... pero, no hay menguas en reconocerlo, la producción agrícola y minera constituyen casi por completo los artículos de retorno en el comercio internacional. El artefacto, la manufactura, la materia elaborada en el país, en una palabra, la producción de la industria fabril nacional apenas da señales de vida en este vasto y agitado oleaje de productos que llegan y de productos que van 17 . Agregaba, Chile había pasado por todas las etapas recorridas por las grandes naciones, pero antes de ser manufacturero tenía que ser productor. La carencia de capitales y créditos no había permitido aún tener el rango de ser pueblo industrial pero se aproximaba el momento en que el país podía autoabastecerse. Se requería de una perseverancia inteligente, de ensan– char las industrias ya existentes, de impulsar otras en proyecto, de fomentar la enseñanza especial y el aprendizaje industrial; de organizar la estadística exacta de la producción fabril y de las posibilidades de consumo interno, de estudiar las condiciones productivas del país, de indicar medidas de fomento dictadas por el Congreso o el Ejecutivo, de propender al desa- 16 17 Vargas, Juan Eduardo, La Sociedad de Fomento Fabril 1883-1928," en Historia Nº 13, Santiago, Chile, 1976, pp. 6-17 y 42-49; y Góngora, Álvaro, Políticas económicas agentes económicos y desarrollo industrial de Chile hacia 1870-1900, en Dimensión Histórica de Chile, Vol. 1, Santiago Chile, 1984, pp. 9-22. En Boletín SOFOFA año l Nº 1, 1883, pp. 6-7. 45
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