Hacia una socioecología del bosque nativo en Chile
42 – hacia una socioecología del bosque nativo en Chile pecto sobre todo de las agencias humanas varias que lo observan e intervienen, está ahora en juego. Y entonces, el que interviene para sus fines, está obligado a marcarse como pro-natural o anti-natural (o no-natural), según redunde en una reorganización del ahora bosque nativo; una vuelta a su propio orden, un resguardo que lo proteja, o una tendencia de desorganización o de entropía. A la intervención tradicional, silvestre y orgánica, se suma entonces progre- sivamente una intervención que ha de contribuir a organizar o a desorganizar, según se quiera comprender. Se puso en juego la naturalidad de la organicidad, que antaño estaba dada y que la propia intervención ya dicha no modificaba. Nótese además que las formas pro-naturalistas pueden serlo productivas, como el apicultor o para servicios reproductivos, como el turismo o ecoturismo, o aún más, la de educación ambiental. Pero en todos los casos hay sobre-notificación del carácter natural del bosque nativo y del carácter ecológico naturalista de su intervención. Y es que las formas no-naturalistas o anti-naturalistas pueden serlo productivas y pro-sociales, como la fruticultura o la forestación industrial, o bien pueden serlo destructivas y antisociales, como el uso lumpenesco, la tala abusiva o el robo de tierra de hojas. En suma, que esta variedad resulta de un cambio tectónico en la geografía social de este bosque nativo. En la nueva era, todo lo que fue válido en la ante- rior se confunde y en parte ya no rige, por lo que se hace necesario programarse de modo nuevo para lo que funcionaba naturalmente, de manera relativamente orgánica, ahora ya no, o no completamente al menos. Los árboles del cerro es- taban siempre ahí y del mismo modo con su propio orden del cerro, mientras el bosque nativo desde que aparece como tal ya viene con signos de cambio, de riesgo de perder su propio orden. Así, detrás de la variedad de los modos, está una cuestión esencial abierta entre los agentes de los múltiples rubros; aludimos a la gobernanza interna o al tipo de orden que organiza el territorio según como se le designe. Fue cuando se desordenaron las cosas con los árboles del cerro, que el bosque nativo comenzó a notarse como tal, a saberse como tal y a intervenirse como tal, así sea para afirmarlo o para destruirlo. Es el problema del bosque nativo y es también el problema del cerro en general: cómo se gobiernan los espacios exten- sos, abiertos las más de las veces, en que la posesión histórica ha sido organizada sobre todo por intereses económicos básicamente reproductivos o simples en condiciones de alta integración social. Hoy, ni la integración social es la misma, ni los intereses económicos son reproductivos y cualitativos, sino mayoritaria- mente dinerarios y cuantitativos. Y ante esa apetencia, o ese llamémoslo descui- do, el bosque no resiste con su capacidad de redundancia y mantención de su
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