Hacia una socioecología del bosque nativo en Chile

Socioecología del bosque nativo en Cachapoal – 41 se conoció con la naturalidad de lo obvio, en la actualidad se le conoce de modos opuestos y remarcados, como una lucha aparentemente dicotómica: a favor o en contra de la naturaleza. Y así entonces se reconocen agentes que se diferencian, aunque nunca tan distantes, pues cada uno tendrá en su propio contexto alguna parte de la lógica alterna. Algunos pueden recolectar con criterio sustentable y disponer a la vez de un pequeño bosque de eucaliptus o plantar algunos paltos, sin que ello implique contradicciones extremas. Desde los modos de intervenir el cerro a la cuestión del orden del bosque nativo Lo mismo que ocurre en el ámbito del conocimiento ocurre en el ámbito del ha- cer o intervenir. Partimos por registrar una forma de intervención predominante dentro del orden comprendido. Puede decirse que, hasta antes del gran cambio de los años 80, el valle, el cerro y el bosque se poseían con una lógica recolectora, silvo-pastoril; que respecto del cerro implicaba esencialmente un acercamiento, aunque intenso y modificador, orientado al autoconsumo de una población por lo demás escasa, de carácter propiamente campesino (Wolf 1971, Rivera 1988, Bengoa 2015). Identificamos tanto en la lógica de la explotación como en su es- cala demográfica, una suerte de acople orgánico entre aquel sistema social –un modo de producir y poblar el lugar– y aquel sistema físico y espacial que es el cerro. Se puede interpretar que se trataba de una explotación razonablemente orgánica o vegetativa, ciertamente no ecológica en los térmicos conceptuales ac- tuales, pero consecuente con una forma de vida y de conocimiento. Se trataba de un uso natural, reproductivo hasta en sus fines de lo natural. Posteriormente, se registra una tendencia de intervención fuera del orden (o de ese orden al menos), donde la consigna parece ser re-organizar o des-organi- zar . Las últimas cuatro décadas marcan una época de cambios, cuando ya nada se fue haciendo por lógica de reproducción simple o de autoconsumo y se comenzó a medir entonces todo por el dinero o mercado en general 3 . En ello ha ocurrido que el cerro ya no es intervenible sin incidir en aquella naturalidad que antes estaba dada, obviada, naturalizada. Con el devenir entonces, aparece otra forma de conocimiento y por lo tanto otra forma de intervención, así como otra forma de nominación, por lo que progresivamente se le fue llamando bosque nativo. Lo natural del otrora cerro, su capacidad de mantener su conocido orden, res- 3 Es posible identificar durante épocas anteriores, otros pulsos capitalistas que impulsaron la explotación inorgánica del cerro, pero sin la marca excesiva del intervencionismo extractivista moderno.

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