Hacia una socioecología del bosque nativo en Chile

38 – hacia una socioecología del bosque nativo en Chile modo gobernar; el que dispone de algo se relaciona con aquello “ordenándolo”, de algún modo tomando decisiones e incidiendo en su conformación. Se posee conociendo e interviniendo. Con la mirada se conoce, se con- ceptúa, se nomina, se omite o incluso se nomina de otro modo, señalando algo coincidente y significante, como por ejemplo “árboles del cerro” o propiamente “el cerro”, al decir de los poseedores convencionales. Con el conocimiento del objeto, de cualquier tipo que sea, lo poseemos representacionalmente; lo sabe- mos, lo podemos leer y entender y, por ello también, controlar o usar a nuestro favor. Ese “conocer” es la base para investigar y develar la huella de un aprendi- zaje para intentar alcanzar comprensivamente una cultura o formas culturales. Con la acción por su parte, se interviene, se modifica, se regula al objeto y así este se hace asimilable al poseedor. La acción por su parte, refiere a la capacidad de la intervención humana para modificar su entorno, de transformarlo o hacerlo adoptar formas, así sea parcialmente, acorde a su plan de asimilación o conquista o explotación, o uso de cualquier modo que el concepto aludido alumbre. La in- tervención sirve para la afirmación de la vida en general, pero en el caso humano para intentar consolidar intereses definidos y acotados. Este estudio informa acerca de cómo se entiende al bosque nativo por sus poseedores, del conocimiento que tienen del objeto, con sus fuentes y dilemas; y de cómo lo intervienen, con sus para qué, sus cómo y sus hasta cuánto. Indaga entonces en las racionalidades (razones) y las formas típicas (acciones) escucha- das y observadas. Puede decirse que el primer resultado en este estudio es la constatación de una variedad notable de lógicas combinadas de posesión, tanto por conocimien- to como por intervención, cada una de las cuales establece su propia huella y significación en los territorios del bosque nativo. El arriero (ganadero), el apicultor, el neo-recolector sustentable, el ladrón furtivo de humus o de leña, el forestal industrial, el fruticultor, el poblador, el tu- rista, el educador ambiental, aparecen coexistiendo en el mismo espacio, confor- mando una variedad informe que pareciera no tener reducción alguna a orden o categorías. Como si todo fuere confuso, mezclado, como puede esperarse quizás de un lugar periférico de la sociedad, que ciertamente lo es. El problema así planteado se desdobla. Por una parte, ofrecemos una des- cripción informada de los modos humanos de conocer e intervenir de cada uno de esos agentes y sus combinaciones observados. Por la otra, proponemos un planteamiento de coexistencia concurrente sobre el mismo espacio físico y social del cerro. Esto es, de cómo y qué resulta de esta concurrencia sin orden previo o deducible, pues provienen de tiempos históricos distintos o resultan de intereses

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