Hacia una socioecología del bosque nativo en Chile
Comunes de la Mawiza – 129 permiten orientar las memorias de cada generación identificadas, construyendo tramas históricas de cada una y favoreciendo actualmente un hablar (en el senti- do de lenguaje) sobre autonomía territorial. Usuarios: entretejidos entre identidad mapuche y mawiza Las tres generaciones identificadas se relacionan entre sí, pero tienen caracte- rísticas temporales, así como en el uso y posesión del tamaño del recurso que permiten diferenciarlas entre ellas. La generación de las abuelas y abuelos se sitúa temporalmente entre los años 1900 a 1950. Señalan que eran muy cerca- nas a la mawiza y consideraban que tenían, más que una relación de dependen- cia para la subsistencia, una relación de complementariedad. Comprendían el valor de la existencia de cada elemento de la naturaleza, lo cual creaba una correspondencia para el bienestar mutuo. La extensión de la mawiza era de cobijo y hábitat mutuo con otras especies. Esto no es solamente un cobijo físi- co, era igualmente una protección afectiva entre unos y otros. Cada especie y su espíritu responden a la acción física pero también a la intención espiritual. Referido a los árboles, se concebía la relación entre individuos, el romance, la reproducción, el cobijo y protección a la descendencia. Esta relación comple- mentaria se ve perturbada con la instalación de las madereras, misiones religio- sas y la incipiente institucionalidad chilena que comienza a establecerse en el territorio. La generación de madres y padres se sitúa históricamente entre 1950 y 1980, donde las dinámicas anteriormente descritas ya se encuentran establecidas. El desarrollo de la industria maderera, los cambios en el hábitat por la insipiente área urbana de Panguipulli y la conexión con otros lugares por medio del ferro- carril, favorecían a la comunicación y movilidad con otros territorios. La genera- ción de hijas e hijos, desde el año 1980 hasta la actualidad, se entremezcla en las memorias de las generaciones antecesoras. En la memoria de esta generación está vigente el desarrollo del complejo forestal y maderero, los aserraderos, el “volteo” de los mejores arboles del territorio, el tráfico de vehículos de tracción pesada en las vías rurales y el olor de la madera y la tierra a causa de la deforestación. Evocar esta época resulta un recuerdo de agresión, de vulneración a la autonomía del territorio y de riesgo permanente a sus derechos; hecho que permanece vivo en el territorio con el cambio sufrido por el paisaje. En esta generación aparecen
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