Desafíos críticos para Latinoamérica y el Caribe
52 1. Invertir un mayor presupuesto en mecanismos de monitoreo y sistematización de la información. De esta manera se optimizaría el potencial de los mecanismos y se obtendría una mayor calidad de infor- mación. Sin embargo, dado el contexto de necesidad esta opción es la menos factible por el momento. 2. Reducir el margen de observación. De esta manera los indicadores serían aún más específicos y permitirán un mayor entendimiento de las dinámicas observadas. Desarrollando de esta manera un análisis más preciso y obteniendo información de mayor veracidad sin necesidad de elevar los costos en investigación. Esta es la opción más factible. El concepto es sencillo, cuanto más abarcativo y grande el objeto de estudio -supongamos la macro- economía de Colombia-, más general es la información y mayores deben ser los esfuerzos de los me- canismos de observación para obtener datos acoplados a la realidad. Podemos obtener un panorama general, pero no una información suficiente para la toma de las políticas públicas que se requieren y eso ejerce una gran limitación al momento de tomar una política pública de calidad. Esta forma de apreciar la realidad, ha cobrado un impulso considerable gracias a la influencia del es- tudio de las políticas públicas y la revalorización del estudio del espacio público en las ciudades. En palabras del autor Benjamin Barber (2013), los alcaldes no gobiernan el mundo, pero el hecho de go- bernar una ciudad impide que sobrevuelen los problemas, dado que conviven entre sí y son capaces de generar un acuerdo para resolverlo. La ciudad entonces, se torna en un espacio virtuoso. ¿Es posible llevar este concepto a otras ramas de la ciencia social? Efectivamente y eso no es una no- vedad, de hecho, la microeconomía ocupada en el análisis del comportamiento de agentes individuales tales como mercados, empresas y hogares (Samuelson, 2006 ,p 15) tiene su origen en el propio Adam Smith en su libro La riqueza de las naciones (1776). Está por tanto no es la cuestión, la cuestión se centra que esta mirada de observar la realidad no suele ser valorada, con el argumento de que los casos par- ticulares no pueden replicarse en planos generales. Y este menosprecio, por esta manera de observar la realidad, nos priva de análisis fructíferos. Hay muchos problemas, catalogados como “generales” o “sistémicos”, que pueden ser analizados desde otra óptica. Es en este sentido que presento “Las cadenas urbanas de valor”, como una categoría de análisis enfocada en la temática. CADENAS URBANAS DE VALOR, UN TEMA OBSERVADO DE MANERA INADECUADA Para observar bajo esta óptica el panorama para Latinoamerica, primero debemos responder dos preguntas esenciales. Primero, qué problema o cuestión buscamos resolver; se busca evitar un colapso económico y social que derive en una crisis aún peor. Una vez encontrada la cuestión que buscamos resolver, surge el otro interrogante. En qué punto nos vamos a enfocar; esta cuestión es casi tan com- pleja como el propio panorama, dada la gran cantidad de enfoques que se le puede dar, por lo que cabe remitirse a la fisionomía de la economía Latinoamericana. En ese sentido, una simple observación nos permite denotar inmediatamente el eje central que está- bamos buscando: las pymes representan el 90% de las empresas de América Latina, generan más de la mitad de los empleos y una cuarta parte del PIB (CAF, 2018). Las pymes latinoamericanas tienen una amplia presencia en todos los sectores productivos -desde el comercio y la industria hasta los servi- cios, la salud o los sistemas financieros-, y una importante influencia en la creación de tejido social. De hecho, se calcula que cerca del 60% de latinoamericanos trabajan en empresas de cinco o menos empleados (CAF, 2018). Son ese actor central en el que hay que abarcar la mayor parte de los esfuerzos. Sin embargo, esta no
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