Desafíos críticos para Latinoamérica y el Caribe
29 los donantes” (Pauselli, 2013, p. 77). Asimismo, este autor plantea que existe otro grupo de trabajos, realizados fundamentalmente desde la economía, que se basan en análisis empíricos de los factores que influyen en la decisión de los donantes de otorgar asistencia a países en desarrollo. En este marco, hay autores que señalan que los intereses de los donantes (fundamentalmente con- sideraciones políticas y estratégicas) predominan sobre las necesidades económicas y de desempeño político de los receptores en la asignación de la AOD bilateral. Según Alesina y Dollar (2000), factores como la existencia de un vínculo colonial anterior entre donante y receptor y los patrones de voto en las Naciones Unidas explican en mayor medida la distribución de la ayuda que las instituciones políti- cas y las políticas económicas de los receptores. Por su parte, Younas (2008) destaca la importancia del interés de los donantes en aumentar sus exportaciones al país receptor en la determinación de la ayu- da, priorizándose a aquellas naciones que tienen una mayor tendencia a importar productos en cuya producción los donantes tienen una ventaja comparativa (bienes de capital). De igual manera, Neu- mayer (2003) concluye que aquellos países que importan una mayor proporción de bienes y servicios de países occidentales reciben más AOD. Berthélemy y Tichit (2002) señalan que el comercio bilateral entre donante y receptor tiene un impacto positivo en la asignación de la ayuda que, si bien es de baja magnitud, se ve incrementado con el transcurso del tiempo. También poniendo el foco en el donante, pero esta vez con especial referencia a sus características domésticas, Lu y Breuning (2014) demuestran que la igualdad de género (medida a través del nivel de representación política de las mujeres en las instituciones de gobierno) favorece la provisión de ayuda externa. En esta línea, Woo y Parke (2016) afirman que, en promedio, los principales donantes puntúan muy bien en lo que refiere a derechos de las mujeres y, adicionalmente, en general plantean la mejora de este aspecto en los países receptores como un objetivo explícito de sus programas de ayuda. Sin perjuicio de lo anterior, también existe evidencia de que las características y necesidades de los paí- ses receptores inciden en la decisión de los países donantes de brindar AOD. Por ejemplo, Berthélemy y Tichit (2002) plantean que los indicadores asociados a libertades civiles y políticas en el país receptor tienen un impacto positivo y significativo sobre los flujos de ayuda recibidos, mientras que Neumayer (2003) reporta una influencia significativa del respeto por los derechos humanos sobre esta variable. Por su parte, Alesina y Dollar (2000) identifican una relación positiva entre los procesos de democrati- zación y (en menor medida) de liberalización económica de los países receptores y los niveles de AOD recibida. En la misma línea, Trumbull y Wall (1994) constatan una relación positiva entre la provisión de ayuda y los derechos civiles y políticos del Estado receptor. Por otro lado, Barry (2012) analiza los flujos de AOD destinados específicamente a la promoción de la democracia en los países receptores y con- cluye que estos han aumentado sustancialmente desde 1980, fundamentalmente luego de la Guerra Fría y de los atentados del 11 de setiembre de 2001 ocurridos en Estados Unidos. Por su parte, Alesina y Weder (2002) se preguntan si los gobiernos menos corruptos reciben menos AOD y concluyen que no hay evidencia para afirmarlo. En lo que refiere a otras variables asociadas a la situación de los países receptores de ayuda, Dudley y Montmarquette planteaban ya en 1976 que la ayuda per cápita a un país determinado aumenta en la medida que su nivel de ingreso per cápita y el tamaño de su población es menor (Bandyopadhyay y Vermann, 2013). Ambas variables son también reconocidas como significativas por Wall (1995) y Neu- mayer (2003), mientras que la segunda (tamaño de la población) es especialmente destacada por Alesi- na y Dollar (2000) y por Berthélemy y Tichit (2002) como relevante. Estos últimos autores, sin embargo, no arriban a una conclusión robusta en términos de la incidencia del ingreso per cápita en la recepción de AOD. Ello porque, si bien su impacto es significativamente negativo en términos generales, presenta una relación positiva para algunos donantes (Alemania, Australia, Canadá, Estados Unidos y Reino Uni- do). Tampoco lo hacen Trumbull y Wall (1994) quienes, si bien encuentran una relación significativa en primera instancia, ésta disminuye considerablemente al considerar variables de control. Younas (2008)
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