Desafíos críticos para Latinoamérica y el Caribe
259 CONCLUSIONES El feminismo mejicano está conformado por una multiplicidad identitaria, sin embargo, así mismo padece una multiplicidad de violencias (estructural, cultural y directa), la primera se presenta como re- acción a la segunda. De forma generalizada se puede leer una intención de descolonización del feminis- mo como acción política, en donde este (feminismo decolonial) “hace suya la tarea de reinterpretación de la historia en clave crítica a la modernidad ya no sólo por su androcentrismo y misoginia –como lo ha hecho la epistemología feminista clásica—, sino desde su carácter intrínsecamente racista y eurocén- trico” (Espinosa, Gómez y Ochoa, 2014) a lo cual se observa de fondo una resistencia, ante ese sistema moderno o ante la colonialidad del género, y por ende el intento del abandono de un paternalismo po- lítico, pues lo que se busca es que ese discurso occidental, deje de intervenir en los procesos colectivos y organizativos propios de cada región, lo cual por supuesto incluye el feminismo. Desde la perspectiva interseccional, es posible hacer esa lectura de descolonización, no solo por ser incluyente, sino también por tener sus raíces en la resistencia y reivindicación de la mujer afrodescen- diente, lo cual es básicamente lo que se busca desde las demás identidades del feminismo mejicano. Crenshaw una de sus máximas referentes, plantea dos tipos de interseccionalidad: estructural y política, la primera hace referencia a la relación de sistemas de discriminación, (como vimos con anterioridad: raza, clase, sexualidad, etc); la segunda exalta la forma en que las estrategias políticas se encuentran centradas en una dimensión de desigualdad dado que, marginan sus agendas a quienes se encuentren en el centro de intersección de variables opresoras. Lo anterior lo podemos evidenciar con las vertientes del feminismo mejicano, pues a excepción del histórico, ninguna otra vertiente afronta un único sistema de discriminación, sino por el contrario se encuentran con dos o más (quienes son mujeres, indígenas y lesbianas), a esto se suma su exacerbación por la desatención de las administraciones de turno. Lo cual evidencia que Méjico no solo padece el arraigo de la cultura machista, en las distintas comunidades, sino que también por medio de las instituciones públicas, se sigue emitiendo un discurso patriarcal, el cual perpetra la discriminación y marginación de la mujer mejicana.
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