Desafíos críticos para Latinoamérica y el Caribe

116 presente.” (Echevarría, 2007). La visión de Sarmiento fue medianamente compartida por Alberdi y los positivistas, tales como Gil Fortoul, Prado e Ingenieros, entre otros. De acuerdo a Sarmiento, los latinoa- mericanos habían nacido de una mezcla de tres razas —española, india y negra— que, por su misma naturaleza, eran opuestas al espíritu que había hecho posible la civilización. Además, Prado sostenía que el principal obstáculo al progreso en Latinoamérica provenía del factor social primario: la raza, y que no podía sino reconocerse la influencia perniciosa que las “razas inferiores” habían ejercido sobre Perú. Gil Fortoul, a su vez, argumentó que algunas razas, como la europea, tenían mejores aptitudes que otras para la civilización (Larraín, 1994). Sin embargo, es evidente que estas concepciones no ayu- daron a superar los problemas sociales de Latinoamérica, por el contrario, facilitaron la racionalización de estructuras sociales dicotómicas que promovían el racismo y la segregación social. Sumado a lo anterior, durante este periodo, la élite que condujo los procesos latinoamericanos de independencia, tendió a identificar la tradición indígena y la dominación española, con la “barbarie”. De este modo, las clases dominantes no asumieron su herencia Indo-ibérica, y rechazaron sus oríge- nes mestizos. Las élites encontraron refugio en el modelo ilustrado racional europeo, especialmente a través del sistema universitario. Pero al hacerlo, se alinearon de sus propias raíces y embarcaron a sus países en programas modernizadores totalizantes (Larraín, 1994). Por este motivo, es posible inferir que Latinoamérica, desde su independencia, enfrenta una ruptura cultural con su pasado colonial que no ha sido del todo solucionada. El tercer periodo de construcción de la identidad latinoamericana ocurrió durante los años 20 y 50, momento en el que aparecieron expresiones críticas de la adopción del racionalismo europeo. En un primer momento, esta tendencia se manifestó en los trabajos del movimiento indigenista, una corrien- te amplia de pensamiento que incluía a políticos, novelistas, antropólogos, pintores y periodistas, que abogaban por el retorno de los valores y costumbres indígenas en oposición al legado cultural europeo. Ellos querían cambiar la prevalente visión negativa de los indígenas y llamaban a implementar refor- mas sociales que favorecieran a las empobrecidas comunidades indígenas (Larraín, 1994). Durante este periodo, emergen escritos como en el ensayo de José Vasconcelos, “La raza Cósmica”, donde postula que el ingrediente principal de la cultura Latinoamericana es su capacidad para integrar la diversidad. Según Vasconcelos, Latinoamérica es un crisol de etnias capaz de unir diferentes tradiciones; desde las europeas, las aborígenes, las africanas, las asiáticas y las polinésicas. Según sus palabras, la región Latinoamericana es un lugar en donde no se sabe dónde empieza una visión y termina la otra (Vascon- celos, 1979). Sin embargo, esta visión tendía a ser más bien ingenua y romántica en cuanto pintaba a las civilizaciones precolombinas como sociedades idílicas, capaces de construir modelos para el futuro (Larraín, 1994). A pesar de todo, esta nueva corriente tuvo un gran éxito en reconocer y poner en valor la herencia cultural indígena en los países latinoamericanos, y ser crítico de las ideas de la ilustración. Un cuarto periodo de construcción de la identidad Latinoamericana, ocurrió entre los años 60 y 90. Durante este periodo, Raúl Prébisch desarrolló su teoría de dependencias que explica el estancamiento socioeconómico latinoamericano. La Teoría de la dependencia, utilizó la dualidad centro-periferia, para exponer que la economía mundial posee un diseño desigual y perjudicial para los países no desarrolla- dos, a los que se les ha asignado un rol de subordinación de producción de materias primas con bajo valor agregado, en tanto que los mayores beneficios se realizan en los países de centro, a los que se les ha asignado la producción industrial de alto valor agregado (Cardoso, 1999). Estas propuestas sirvieron para aumentar el escepticismo sobre si las ideas europeo- occidentales podrían traer alguna solución real a los problemas sociales de Latinoamérica, puesto que, el agotamiento de los sueños de industria- lización y modernización rápida de los 60, conocida como el modelo de sustitución de importaciones, desencadenó en crisis económicas, que contribuyeron a la polarización política y a la instauración de golpes de estados que resultaron en largas dictaduras a través de la región.

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