Desafíos críticos para Latinoamérica y el Caribe

115 rraín, 1994). El impacto de la Ilustración y el pensamiento racionalista adquieren una enorme influencia en formar la identidad de las nuevas naciones. Un tercer período crítico aparece en América Latina entre 1914 y 1930: en el contexto de la Primera Guerra Mundial y de la gran depresión. La dominación oligárquica de los terratenientes latinoamericanos empieza a deteriorarse, y las clases medias y obre- ras recientemente movilizadas comienzan a desafiar el orden establecido (...) (Larraín, 1994). Un cuarto período, puede detectarse alrededor de la década de 1970, ya que, el fracaso de los gobiernos de iz- quierda, el estancamiento de la industrialización y la creciente violencia política condujeron a una serie de golpes militares que desencadenaron gobiernos autoritarios que se prolongaron durante décadas. El primer periodo de construcción de la identidad latinoamericana ocurre durante el descubrimiento y conquista de Latinoamérica. Según Larraín: “La construcción de una cultura latinoamericana comien- za en el momento en que la cultura española del siglo XVI se encuentra con las culturas indígenas en América” (Larraín, 1994). En este encuentro de culturas existía un problema de asimetría de poder, ya que la cultura española poseía una base militar, económica y tecnológica más desarrollada. En cual- quier encuentro asimétrico y conflictivo entre dos culturas, sea porque una invade y coloniza a la otra, o sea porque a través de medios extensivos de comunicación y comercio entran en una relación estre- cha, surge la problemática de la identidad (Larraín, 1994). Durante la conquista y la colonia, la cultura ibérica no era propiamente moderna y racionalista, sino que, estaba profundamente influenciada por la religión, los valores morales absolutos y la intolerancia. Podríamos decir que era una sociedad feu- dal. Esta percepción moral absolutista e intolerante desencadeno en atropellos sistemáticos contra la población indígena (Reid, 2009). Durante este periodo, los conquistadores no podían sino mirar a los indígenas a través de su estrecho prisma cultural. Por ejemplo, las primeras impresiones de Colón so- bre los indígenas fueron: “Los indios eran físicamente hermosos, pacíficos y generosos; pero también estaban desnudos y eran primitivos, cobardes y desprovistos de toda cultura. Por esto, tenían que ser convertidos a la religión verdadera, pero a cambio debían entregar su oro y sus tierras, así como estar dispuestos a trabajar para los conquistadores” (Larraín, 1994). Sin embargo, a medida que la conquis- ta prosiguió, y las sociedades indígenas presentaron resistencia, las impresiones sobre los indígenas cambiaron. Posteriormente, los cronistas describieron a los indígenas cómo: “caníbales, inclinados a la homosexualidad, deseosos de mantener su desnudez, comedores de piojos y rebeldes contra la fe” (Larraín, 1994). Esta concepción antagónica hacia las sociedades indígenas fue una de las principales herramientas ideológicas de los imperios europeos, para justificar los atropellos hacia la población in- dígena durante la colonización. El segundo periodo de construcción de la identidad latinoamericana, y quizás el más influyente, ocurre durante el periodo independentista a comienzos del siglo XIX (Larraín, 1994). Durante este periodo, la Ilustración francesa del siglo XVIII, el liberalismo británico y, especialmente el positivismo, jugaron un papel ideológico importante. La población criolla deseaba la libertad de comercio con Inglaterra y el resto de Europa, pero también, querían la liberación cultural de vivir bajo la tutela de la Iglesia y de la monarquía. Por esto, Jorge Larraín escribe: ‘Las guerras de la independencia se pelearon bajo la bande- ra teórica de la Ilustración. Su influencia condujo a las nuevas repúblicas a eliminar la esclavitud, a esta- blecer la libertad educacional y religiosa’ (Larraín, 1994). Sin embargo, estas posiciones frecuentemente tendían a rechazar el legado cultural Indo-ibérico, resultado de tres siglos de colonización, y ponían sus esperanzas en que soluciones europeas y norteamericanas pudieran implementarse para compensar las inherentes deficiencias latinoamericanas. En muchos casos, las descripciones de esas deficiencias tenían connotaciones racistas. Según Domingo Faustino Sarmiento, en su libro Facundo civilización y barbarie en las pampas argentinas, Latinoamérica, tenía que ser civilizada y sus rasgos culturales bar- báricos, erradicados. Sarmiento explora la dicotomía entre la civilización y la barbarie, que se expresa en diferentes características de la sociedad y argumenta que la verdadera lucha en Latinoamérica es la superación de la barbarie (Sarmiento, 1986). En este sentido, González Echevarría, escribe: “Al proponer el diálogo entre la civilización y la barbarie como el conflicto primordial en la cultura latinoamerica- na, Facundo le dio forma a una polémica que comenzó en el periodo colonial y que continúa hasta el

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