Ecos de la Revolución Pingüina: avances, debates y silencios en la reforma educacional
P ROGRAMA INICIA: F UNDAMENTOS Y P RIMEROS A VANCES 289 Una buena formación docente inicial Una formación profesional bien diseñada e implementada es universal- mente vista como una precondición para el aprendizaje de los conocimientos y habilidades que se requieren para llegar a ser un docente efectivo. Aunque la evidencia internacional no permite identificar modelos específicos que re- sulten más exitosos, hay algunos aspectos que son ampliamente considerados como esenciales. Lo primero, es reconocer el carácter profesional de la forma- ción docente, aspecto que en nuestro país fue logrado con el reemplazo de la formación en escuelas normalistas por instituciones educación superior. En segundo lugar, es sabido que la formación docente implica articular una com- pleja y demandante cantidad de conocimientos y habilidades. En particular, se estima que una buena formación inicial debe combinar conocimientos dis- ciplinares y pedagógicos en cada uno de los sectores de aprendizaje en que el futuro docente se desempeñará (además de los conocimientos pedagógicos ge- nerales), lo que debiera darse en el marco de amplias oportunidades para prác- ticas profesionales supervisadas, por nombrar los aspectos más fundamentales. El resultado de este proceso debiera expresarse en una preparación suficiente en los diversos dominios involucrados en el rol docente. Evidencia internacio- nal indica que el dominio de aspectos pedagógicos y disciplinares, así como la experiencia docente, se asocian positivamente con medidas de aprendizaje de los estudiantes (Darling-Hammond, Wei, y Johnson, 2009; Goldhaber y Brewer, 2000; Clotfelter, Ladd y Vigdor, 2007). Pese a lo anterior, existe cierta controversia en torno al valor de la certificación docente como base de una práctica profesional efectiva. En el caso norteamericano, este debate ha es- tado centrado en torno al grado en que los docentes certificados se asocian a mejores logros en sus estudiantes en comparación con docentes que no han logrado tal certificación, o que poseen certificaciones alternativas, incluyendo el reciente programa “Teach for America”. Entre quienes han defendido la existencia de evidencia consistente en favor de la certificación se encuentra especialmente Darling-Hammond y sus colaboradores (Darling-Hammond, Berry, y Thoreson, 2001; Darling-Hammond, Holtzman, Gatlin, y Heilig, 2005). En contraste, Goldhaber y sus colaboradores han sostenido que no hay evidencia concluyente a favor de la certificación (Sharkey y Goldhaber, 2008; Goldhaber y Brewer, 2000). Finalmente, otros estudios obtienen evidencia mixta (Boyd, Goldhaber, y Lankford, 2007). La discusión y evidencia norteamericana es citada principalmente para ilustrar el tipo de debates académicos y políticos que suscita en diversas latitu- des la formación docente. En nuestro país este debate surgió con fuerza a raíz de la discusión legislativa de la LGE, donde se incorporó una disposición que hace posible que otros profesionales puedan ejercer la docencia. El solo hecho
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