Andrés Bello: libertad, imperio, estilo
766 sobre una palma, alta y hermosa junto a un monte; sobre el monte crece la malva. La malva se cree superior a la palma por estar a más altura. Entonces la palma la encara: “¿Te tienes por más grande, miserable,/ solo porque has nacido en alto puesto?/ […] Aunque ese monte crezca hasta el Olimpo,/ serás malva, i no más, con todo eso,/ desengáñate, chica, no seas loca,/ jamás es grande el que nació rastrero”. En tanto, la naturaleza celebra el triunfo de la palma: “I el arroyo, las flores i las aves/ cantaron de la palma el vencimiento”. 166 En la complicidad entre el poeta Plácido y la naturaleza estaría la salvaguarda que le consiente liberarse de la historia colonial. Esa na- turaleza formidable es la que le permite relacionarse directamente con Dios, sin tener que recurrir a los intermediarios que tanto odia; todos aquellos que se presentan como los dominadores. Plácido lo dice y los Amunátegui lo secundan: “Yo ante el Dios de la gran natu- raleza/ Odio eterno he jurado a los tiranos”. 167 En el centro de la vida colonial cubana está la ausencia de liber- tad. Lo cual queda de manifiesto en la versión de la libertad que se estimula por parte de los sectores dirigentes, una que no engendra sino formas del vicio: lujuria y egoísmo. La Cuba colonial es un lugar “donde no se deja a los habitantes libertad mas que para entregarse a sus placeres, o dedicarse a sus negocios”. Sin embargo, los Amunátegui censuraban el tono agresivo de uno de los sonetos de Plácido, en cuyos tercetos exclama un juramento ti- ranicida: “Ser enemigo eterno del tirano,/ manchar, si me es posible, mis vestidos/ con su execrable sangre, por mi mano// Derramada con golpes repetidos;/ i morir a las manos de un verdugo,/ si es nece- sario, por romper el yugo”. Por supuesto, los autores atribuyeron es- tas palabras a la pasión desmesurada que despiertan en un alma noble “las arbitrariedades de los gobiernos que por sus desaciertos convier- ten a los hombres en fieras”. Y agregan que “Los países donde impera un réjimen abusivo i despótico se asemejan a las rejiones cubiertas de selvas i de montes: [porque] crian tigres i leones”. 168 166 Ibid ., pp. 43 - 4 . 167 Ibid., p. 48 . 168 Ibid ., pp. 48 - 9 .
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