Andrés Bello: libertad, imperio, estilo

762 matrices que utiliza al efecto de considerar que el habla se ha dete- riorado, son varias y es preciso comprenderlas, porque es innegable que el habla se transforma. En Acentuaciones viciosas se aleja de un dictamen academicista. Propone que lo que más fortalece el cono- cimiento de la “acentuación legítima” es la lectura de las obras de la literatura. 159 Pero eso no basta: debido al estado de la transmisión de la cultura, hasta el siglo XVII, señala, las imprentas españolas fun- cionaban tan mal, tal era la falta de esmero con la que operaban, que los libros impresos hasta esa época están plagados de errores; las re- impresiones, en tanto, no los enmendaban, sino que las empeoraban muchas veces, añadiendo más faltas. Esto hace que a las grandes pro- ducciones —las de Calderón de la Barca, Quevedo y Cervantes, por ejemplo— no pueda accederse sin tropiezos. “Calderón no escribió sus comedias tal como nosotros las conocemos”, dice Hartzenbusch citado por Miguel Luis Amunátegui. 160 Afirma, asimismo, que entre los autores del romanticismo español y el final del Siglo de Oro no hay una continuidad, sino un interregno, una época decadente, oscura, que enturbia la apreciación misma de la historia, ante lo cual, explica, es necesario encontrar los manuscritos que permitan restituir los tex- tos maltratados por el desprolijo español. Hartzenbusch, entonces, es un espíritu correcto. En su trabajo de edición, no poseyendo el manuscrito original, tiene que comparar ediciones, buscando similitudes, manteniendo lo igual y suprimiendo los defectos. Este es un trabajo de reconstrucción que del Siglo de Oro hace, en variados sentidos, el romanticismo español, gracias al cual, decía Miguel Luis Amunátegui, la época ilustrada contaba con esos textos. Asimismo, ocurre con Calderón, Quevedo y Lope de Vega, cu- yas obras fueron, según Hartzenbusch, diezmadas por los editores y copistas. Debió entonces darse a la tarea de separar la paja del trigo, rastreando todo lo que había sido incorporado por la misma imprenta que no era capaz de llegar a la Colonia en Chile. 159 “Lo que enseña, trasmite i conserva la acentuación lejítima, i por lo tanto, lo que mas contribuye a que las naciones a las cuales es común una misma lengua se uniformen en tan importante materia, es la lectura de las producciones literarias dadas a luz por los grandes injenios”. Miguel Luis Amunátegui ( 1887 , p. 3 ). 160 Ibid., p. 9 .

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