Andrés Bello: libertad, imperio, estilo

756 Los hermanos se definieron en relación al papel que habría de cum- plir el grupo sometido de mayores proporciones: las mujeres. Ambos sostenían que las mujeres eran las garantes de la educación, pero que la Colonia y las costumbres españolas las habían mantenido bajo un secuestro típico del harén. Esto tuvo como consecuencia que Miguel Luis, como ministro de instrucción pública, publicara el llamado De- creto Amunátegui (del 6 de febrero de 1877 ), una norma que permitió el ingreso de las mujeres a la educación superior, la primera en Améri- ca Latina. El escándalo se desató, pero Barros Arana, Ignacio Domeyko y Amunátegui se las arreglaron para impedir el triunfo de la reacción. Amunátegui parecía tener una debilidad por las virtudes de las muje- res y por la necesidad de “su instrucción”, de cuya deficiencia acusaba sin rodeos a la Colonia. Es a propósito de Mercedes Marín del Solar, poeta y reputada mujer pública del siglo XIX, hija de los patriotas Gas- par Marín y Luisa Recabarren, donde Miguel Luis Amunátegui esgrime sus argumentos contrarios a la época colonial desde el punto de vista ahora del estado de la literatura y la formación intelectual femenina. El 28 de julio de 1837 , había aparecido en El Araucano , el poema es- crito por “una señora”: “Canto fúnebre a la muerte de Diego Portales». Los lectores, conmocionados por el asesinato de Diego Portales, que- daron boquiabiertos con las palabras que la mano de esa mujer había trazado, en el curso de solo una noche, según se supo, y que delataban a una potencia de la naturaleza: Por tan infando crimen: no son hombres, Son furias infernales las que cruzan Ese campo fatal: Corred, guerreros, Perseguidlas en todos los senderos, profesor, según se presumirá, percibía el sueldo, pero sin haber tenido jamás algunos a quienes enseñar. Por lo espuesto, se verá que aquella universidad, mal organizada como estaba, existía todavía más en el papel, que en la realidad. Queriendo poner freno a una ignorancia tan estrema, principal causa del atraso i miseria del país, Salas se arrogó el cargo de ministro de instrucción pública; i en calidad de síndico del consulado, sin otra autoridad de ninguna especie; sin recursos que dedicar a la ejecución de su gran pensamiento, se empreño en llevar a cabo, a fuerza de actividad i de constancia, imponiéndose todo linaje de sacrifi- cios, lo que ni el monarca ni sus ajentes habían pensando jamás en practicar para el bien del pueblo chileno” . Miguel Luis Amunátegui ( 1895 , p. 69 ).

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