Andrés Bello: libertad, imperio, estilo

755 arruinar todas las universidades i academias, quemar todos los li- bros, despedazar todas las imprentas, aniquilar los cuadros de pin- tura, destrozar las estatuas, hacer olvidar las ciencias i las artes. 142 Esa era la opinión vertida en De la instrucción primaria , sobre los ene- migos de la Ilustración que había supuesto, según los hermanos Amu- nátegui, el proceso de Independencia, tornando estas nuevas ideas en ideas dominantes, pero que debían luchar todavía en un territorio que era hostil en muchos aspectos. Aquel tratado, que era un programa de trabajo, estaba repleto de acusaciones históricas 143 y llamados a continuar el trabajo de Bello. 142 Gregorio Víctor y Miguel Luis Amunátegui ( 1856 , p. 5 ). 143 En la Vida de don Manuel de Salas , en tanto, se profundizará en aquellas acusacio- nes. La referida a la situación de los estudios, especialmente los universitarios, nos dan una meridiana idea: “Por muchos años, la enseñanza, que solo se daba en los claustros de las comu- nidades relijiosas había sido exclusivamente eclesiástica. La instrucción pública, sostenida por el estado, fue mandada establecer por la real cédula de 28 de julio de 1738 que fundó la Universidad de San Felipe, la cual tardó en inaugurarse hasta el 10 de enero de 1747 , sin abrir todavía sus aulas, que principiaron a fundarse, i no todas, en enero de 1758 . Posteriormente por real cédula de 4 de setiembre de 1769 , se ordenó que se creara, para la educación de los jóvenes nobles, i costeado por ellos, el colejio de San Carlos o Carolino. A estos dos se reducen los establecimientos laicales de instrucción pública sos- tenidos, o mejor dicho, autorizados por el gobierno, que existía en Chile. Lo que en ellos se aprendía, era lo mismo que se enseñaba en los conventos i en los seminarios; primero el latín, no para leer los clásicos romanos o los padres de la iglesia, sino para poseer la jerga macarrónica de las controversias escolares; y, en seguida, toda las sutilezas y puerilidades de la teolojía escolástica. Se habían abierto además, tanto en la universidad, como en el Colejio Carolino, cátedras de Derecho. Las constituciones de la universidad habían mandado plantear también cursos de matemáticas i de medicina. Dejaré a don Manuel de Salas el encargo de explicar lo que fue la enseñanza de las matemáticas en aquel instituto. [...] Desde la erección de la cátedra de matemáticas de la universidad (decía éste en un informe al presidente) apenas ha tenido unos momentáneos tiempos de ejer- cicio, que jamás han comprendido un curso, a pesar de los esfuerzos del supremo gobierno, siendo principalmente causa de la falta de oyentes; i tanto que por esto al mismo administrador que la obtenía, se le suspendió el sueldo algunos años hace; i puesto ahora en su arbitrio enseñar o dejarla, elijió este último estremo. Escusado es advertir que lo que sucedía respecto de la cátedra de matemáticas, se verificaba respecto de la de medicina. Para acabar de bosquejar lo que era la primera institución docente de Chi- le durante la época colonial, me bastará decir que, mientras no había ni en la universidad de San Felipe, ni en todo el país, una sola clase de idioma patrio, o de francés, o de inglés, se había mandado fundar en ella una de araucano, cuyo

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