Andrés Bello: libertad, imperio, estilo
689 forman necesariamente una contradicción, pero así fue experimenta- da en el ambiente de la época. Recordemos las palabras de Leopardi, parafraseadas por Karl Vossler: “Leopardi, como hijo del Romanticis- mo y del iluminismo, pensaba que la poesía recorría al revés el cami- no de la ciencia: mientras esta se hacía con el tiempo cada vez más poderosa, la poesía era ya en sus comienzos gigantesca y lo único que después le podía ocurrir era debilitarse cada vez más, hasta sucumbir por fin absorbida por su rival”. 23 Esta parece haber sido la contradic- ción de Bello. Su rigor científico silenciaba su sensibilidad. Además, la polémica acerca de las “consecuencias” que había de- jado Bello fueron muy tempranas. Todavía en vida suya, en 1861 , los Amunátegui se alegraban de los frutos de aquella generación que Be- llo había sabido cultivar en la década de 1840 : Es grato considerar, veinte años despues, que el movimiento litera- rio comenzado en 1841 no se ha detenido, i que en 1861 Chile, por el número i el mérito de sus escritores, no es la última de las repúbli- cas hermanas. ¡Quiera Dios que pueda repetir lo mismo aquel que en 1881 dirija una mirada retrospectiva a los últimos veinte años que entonces acaben de pasar! 24 No sabían ellos quién se haría esa pregunta. Y precisamente se la hizo alguien, tal como ellos habían adelantado, veinte años después, en 1881 , alguien que a la fecha de 1861 contaba tres años de vida. Julio Bañados Espinosa, en quien se reconocería un célebre balmacedista, en un discurso pronunciado en el Teatro Municipal, en noviembre de ese año (es decir, a solo 16 años de la muerte de Bello), decía: Si don Andrés Bello pudiera levantarse del lecho de nieve en que reposa, si pudiera sentir por segunda vez el fuego de la vida en su naturaleza, tengo el convencimiento de que, después de agradecer noblemente el recuerdo que hacían de su memoria, derramaría lá- grimas de intenso dolor al ver que no se seguía el camino abierto 23 Vossler ( 1968 , p. 239 ). 24 Gregorio Víctor y Miguel Luis Amunátegui ( 1861 , p. 206 ).
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