Andrés Bello: libertad, imperio, estilo

683 América, muy especialmente en Chile y Venezuela, 11 muchos de los cuales quedaron en el anonimato. ser gramócrata Es preciso decir que por “gramócratas” debe entenderse a un grupo particular de personajes sobre los que influyó poderosamente Bello: no tanto discípulos como apóstoles. Las influencias suyas fueron muy extensas y duraderas. Encontramos su legislación civil y literaria por muchas partes y tiempos, pero no siempre hay ahí gramócratas. El gramócrata es un tipógrafo con poder, un gramático, abogado o his- toriador que hace sentir la presencia de la ley. Casi siempre un liberal moderado, de un romanticismo de época y afín al positivismo. Los gramócratas se marcarán a fuego las palabras de Bello en “Observan- cia de las leyes” (el título es de Miguel Luis Amunátegui): [...] quien cumple con los preceptos de la ley hace todo cuanto debe hacer por el servicio de su patria; el que los desatiende hace de su parte cuanto puede por la ruina de esa patria que tal vez cree amar. No se observen las leyes, infrínjalas cada uno según su volun- tad; sea la de cada individuo de la sociedad la única regla de las acciones, y en ese mismo punto la sociedad desaparece, un caos insondable de desorden se presenta, y la seguridad y la propiedad 11 Entre los seguidores de Bello hubo también desde el inicio un grupo disperso pero numeroso de personajes excéntricos. Uno de ellos ya aparece en las cartas de Car- los Bello Boyland a su padre, fechada en Londres, 15 de agosto de 1846 : “Hay en Caracas un hombre muy original, de treinta y tantos años de edad, a quien llaman el literato monstruo. Llámase González, y en medio de un exterior brusco y poco pulido, tiene talento y un entusiasmo inaudito por V. y sus obras poéticas. A pesar de hallarse hoy engolfado en la política, no pierde oportunidad de recoger hasta aquellos versos que hacía V. para los nacimientos; tiene una colección muy prolija, ha seguido los pasos de V. y visita todas las personas con quienes V. tuvo alguna relación. Fáltale no obstante el soneto al Samán de Hueres y verdaderamente se enfadó conmigo porque no lo sabía yo de memoria. Piensa publicar más tarde una historia de Venezuela, y desea refutar la calumnia de haber V. vendido esa inten- tona de revolución. No sé por qué ha dejado sin contradecir este hecho y hablando con el Señor Ribas sobre ello, sería conveniente que le remitiera este señor su refu- tación, en alguna oportunidad que pueda presentarse. De un día a otro él la dará a luz”. Epistolario II, en Bello (Vol. XXVI, p. 136 ).

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