Andrés Bello: libertad, imperio, estilo

59 incomunicados por los espacios estelares del tiempo. “Mi historia en esos árboles grabada/ dirá entonces que muero por quererte”, 93 escribe en una égloga temprana, a imitación de Virgilio. Y, precisamente, al tratar la longevidad de los árboles y su cálculo, con entusiasmo, en el segundo tomo del Repertorio Americano , de abril de 1827 , cuenta de las letras talladas en los troncos de unos árboles que databan de la época de “Jacobo I, Guillermo y María y lo que aún es más extraordinario, del rey Juan”. Estas marcas fechaban la edad del árbol y fueron halladas a distintas profundidades. Las “esculturas” en la materia viva del árbol impresionan a Bello por su capacidad para soportar el cubrimiento de la savia. Es curioso que, a propósito de la rama de un árbol, Bello descri- ba “imaginariamente” la genealogía de la letra r de la siguiente manera: [C]ontemplemos el camino que han andado los hombres para lle- gar a la escritura alfabética. Podemos figurarnos las principales jor- nadas de esta larga y a veces retrógrada marcha, ciñéndonos a una sola letra. Tomemos por ejemplo la r. Primera época: la pintura de una rama de un árbol se reduce a una ligera delineación que conserva una semejanza remota con este objeto. Segunda época: esta figura o bosquejo imperfecto de la rama pasa a significar por una especie de tropo la ramificación de alguna cosa, la distribución del agua, verbi gracia, en una serie de brazos, cana- les y acequias, y la idea abstracta de la acción de distribuir. Tercera época: este bosquejo queda reducido a un breve carácter r, que no conserva semejanza con el objeto primitivo, y significa en su sentido natural una rama. Cuarta época: r denota la sílaba ra, pero no directamente, sino su- giriendo sucesivamente estas tres ideas: la idea de una rama; la idea del nombre con que se conoce este objeto en la lengua ordinaria, es decir, la idea de la palabra rama; y la idea de la sílaba ra, con 93 “Égloga”, vv. 19 - 20 , en Bello (Vol. I, p. 28 ). Esta égloga quedó entre los escritos inéditos de Bello. Apareció recién en 1882 en una colección de poesías suyas publicadas en Madrid, a instancias de Miguel Antonio Caro. El papel cumplió las funciones del árbol porque soportó el paso del tiempo, y es que la composición de la égloga se estimó, por la Comisión Redactora de Caracas, entre 1806 y 1808 .

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