Andrés Bello: libertad, imperio, estilo
56 una de sus intuiciones dio origen a verdaderas ciencias del espíritu, expandiendo así los dominios de eso que los sofistas griegos llamaron nomos . La indagación del lenguaje es, en definitiva, una búsqueda de libertad (lo sabe el compositor de óperas que era también Rousseau). La libertad no es una decisión voluntariosa, que surge de la irracio- nalidad. Ella refulge donde las causas materiales de la esclavitud y la dominación, en cualquiera de sus formas internas o externas, han sido detectadas y sometidas a algún tipo de examen. Una afirmación ya anotada, como la de Rousseau, detecta una convención arraigada donde otros solamente veían naturaleza. Propongo —como ya he adelantado— que Bello es un “gramócrata” (sirvámonos de este neologismo pues “si el vocablo priva/ el pensa- miento sufre”, dice Goethe en “Xenias pacatas”) 86 —y no un logócra- ta—, 87 un pensador de la “gramatocracia”. Empleo buena parte de este trabajo en explicar qué significa aquel neologismo griego (son muy cómodos y evitan lenguas vivas plebeyas) y en ofrecer buenas razo- nes para estimar verosímil esta idea. Diré, por ahora, lo siguiente: las autorrevisiones —si se me perdona este como otros anacronismos— “psicoanalíticas” de Jean-Jacques Rousseau muestran a esta clase de personaje que es la criatura hija de la imprenta: “Mis manuscritos lle- nos de borrones, embrollados, mezclados, ininteligibles —dice Rous- seau en sus Confesiones —, prueban el trabajo que me cuestan. Ni uno solo he dejado de tener que copiarlo cuatro o cinco veces, antes de darlo a la prensa”. 88 Y es que, tal vez, el peso de la claridad tipográfica puso en aprietos las complicidades entre la mente y su manuscrito, por lo que, tal como procreaba criaturas que entregaba al orfanato (según su propia leyenda), Rousseau reproducía sus escrituras de puño y letra hasta alcanzar, a sus propios ojos, la dignidad del impri- mátur . El efecto nítido de la imprenta es un juicio final inmediato ante 86 Goethe ( 2003 , p. 490 ). 87 O sea, el gobierno de los principios o fundamentos por sobre las cristalizaciones positivas. El logos, esa “palabra creadora y ordenadora, que pone en movimiento y legisla”, para el gramócrata no basta. Zambrano ( 2006 , p. 16 ). La palabra debe caer hasta lo más bajo, pesadamente, y soliviantarse, ingrávidamente, para que pueda ser la palabra de las personas comunes y corrientes. 88 Rousseau ( 1979 , p. 113 ).
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