Andrés Bello: libertad, imperio, estilo
55 poemas, y no a decretos, o sea, dogmas. Porque el poema es cosa de postcepto, y el dogma cosa de precepto”. 84 Bello, un poeta normati- vo, sí; pero en tanto gramático, ¿es autor de meros preceptos? Bueno, para usar los términos de Unamuno, habría que decir que la Gramáti- ca de Bello es una obra normativa, una obra de “preceptos”, elaborada a la luz de “postceptos”, es decir, de las mejores cristalizaciones del castellano en su literatura; por eso, a menudo, ofrece ejemplos toma- dos de ella. Es una obra donde lo fundamental es el “uso”. Y si, además, consideramos a Bello un jurista en tanto gramático, ¿es un jurista de preceptos? No lo es. Si hay un principio rector a todo su Código Civil, es el de la autonomía de la voluntad, esa alta idea filo- sófica que permitió a las criaturas volverse creadoras sin ser necesa- riamente artistas. Según este principio, todo lo que no está expresa- mente prohibido, está permitido. El código de Bello no es un catálogo de pecados capitales y veniales. Es un catálogo de cómo hacer esto dado aquello, y por qué no hacer esto otro. Es un libro de la libertad hacia lo alto y la prohibición hacia lo bajo. Hay aquí una conexión entre gramática y Derecho que ha sido poco observada. ¿Basta el gra- mático para conseguir, digamos, la esencia de Bello? No. Si el orden, el poeta virgiliano, el gran jurista, el gramático del uso no son suficientes cada uno por sí solo o incluso en conjunto, ¿qué puede serlo? ¿Dónde está Bello? Para ciertos ilustrados —Rousseau es un ejemplo—, aquello que sería llamado lingüística y lo que entonces se llamaba gramática, era un asunto principal, la base de todo lo demás. Bello, en sus “Indica- ciones sobre la conveniencia de simplificar y uniformar la ortogra- fía en América” citaba estas palabras del Emilio, o De la educación , de Jean-Jacques Rousseau: “Uno de los estudios que más interesan al hombre es el del idioma que se habla en su país natal. Su cultivo y per- fección constituyen la base de todos los adelantamientos intelectua- les. Se forman las cabezas por las lenguas, y los pensamientos se tiñen del color de los idiomas”. 85 Como suele ocurrir con Rousseau, cada 84 Ver Unamuno, en Diego ( 1934 , p. 56 ). 85 “Indicaciones sobre la conveniencia de simplificar y uniformar la ortografía en América”, en Bello (Vol. V, p. 71 ).
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