Andrés Bello: libertad, imperio, estilo

54 pero no es un resumen suficientemente fino. 82 En la espesura de su actividad como jurista se reúnen en su amplitud el concepto de orden y el estilo romano. Principalmente, la apabullante dimensión jurídica de Andrés Bello inclina, indebidamente, la balanza hacia un gran aspecto que debe ser llamado “parcial”. Por eso hay que decir que los abogados han hecho un mal a la figura de Bello al alabarla tanto como uno más de ellos, un eminente miembro de su club (el más grande, inclusive) cuando, en realidad, era un extraño, un cisne entre patos, gansos, algunos polluelos y uno que otro zorro: una Ifi- genia entre los tauros, como habremos de ver, conforme a la versión de Goethe. En el mundo de los estudiosos de la gramática, Bello destaca como un gramático de primera línea. Su Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos es considerada a la altura de la de Nebrija y Port-Royal, que son de los más connotados. El rigurosísi- mo Amado Alonso, en su prólogo a la Gramática de Bello, hizo notar virtudes sobresalientes, profundidades insondables, eclecticismo maduro. Esta obra gramática no es un manual de gramática: es un código y una fundamentación cuasi metafísica. Barros Arana escri- birá que Bello estudió la lengua como no la había estudiado nadie antes y que “cada precepto, cada observación descansa sobre bases indestructibles que suponen no solo un vasto conocimiento del idio- ma sino una elevación filosófica que pocas veces se ha aplicado a los estudios gramaticales”. 83 Pero también es más que una obra normativa. Es —si bien discre- ta— una apertura descriptiva en el camino singular de Goethe y hasta Darwin. En ella, los ejemplos tomados de la literatura española son muchos. Unamuno diría en un famoso fragmento de su Poética : “Todo verdadero poeta es un hereje, y el hereje es el que se atiene a postcep- tos y no a preceptos, a resultados y no a premisas, a creaciones, o sea, 82 Como muestran Stuven y Cid ( 2012 , p. 497 ), hay varios momentos o debates sobre el orden durante el siglo XIX. Como resumen los autores, se trata de “el ídolo más sagrado de nuestros corazones”. Es innegable que el orden es principal en Bello, pero es además una obsesión, incluso una “pasión” —como tan bien lo resume Jaksic ( 2001 )— muy extendida, y quizá el gran problema del siglo XIX latinoamericano. 83 Barros Arana ( 1966 , p. 62 ).

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