Andrés Bello: libertad, imperio, estilo

324 Cuando estudiamos en su propio territorio aquellos peruanos, que en el curso de tantos siglos han conservado su fisonomía nacional, aprendemos a apreciar en su justo valor el código de Manco Cápac, y sus efectos sobre la moral y la felicidad pública. Discernimos un estado general de prosperidad y una pequeña porción de bienestar doméstico; más resignación a los decretos del soberano, que amor a la patria; obediencia pasiva y poco aliento para las grandes em- presas; un espíritu de orden, que arreglaba con menuda precisión hasta las acciones más indiferentes, pero sin miras generales que ensanchasen la esfera del entendimiento, y sin aquella elevación de ideas que ennoblece el carácter. Las más complicadas instituciones políticas, de que hay memoria en los anales de las naciones, sofo- caron la semilla de la libertad personal; y el fundador del imperio del Cuzco, lisonjeándose de poder forzar los hombres a ser felices, los redujo a la condición de meras máquinas. Sin duda la teocracia peruana fue menos opresión que la dominación de los monarcas mejicanos; pero una y otra contribuyeron a dar a los monumentos, ritos y mitología de estas dos naciones, un aire sombrío y melan- cólico, que forma un singular contraste con las artes elegantes y amables ficciones de Grecia. 274 Este tipo de reflexiones había albergado el corazón de Bello. La crí- tica al orden sin deliberación, propia de la Ilustración, estaba ahí. El modelo griego clásico era considerado el vigente, con “sus elegantes y amables ficciones”, palabras que recuerdan las definiciones de Winc- kelmann para el ideal griego: “Edle Einfalt und stille Größe” (“noble simplicidad y silenciosa grandeza”), que pareció olvidarse de las tra- gedias griegas, y que daría origen a tantas polémicas en la Alemania del siglo XIX, entre las cuales las que emprendiera Goethe, desde Weimar, contra la “enfermiza” juventud romántica. Los conceptos de libertad e imperio tendían a funcionar como si fuesen términos contrarios, una antítesis, un tira y afloja histórico, un movimiento pendular del espíritu. En la época del auge liberal, la 274 “Consideraciones sobre la primera población y las antigüedades de América”, en Bello (Vol. XXIV, pp. 286 - 7 ).

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