Andrés Bello: libertad, imperio, estilo
315 A estas alturas, Gran Bretaña fue contundente con su Memorándum, que declaraba: A partir de un período que comienza durante la reciente guerra con Francia, los súbditos de S.M. han sostenido relaciones comerciales con las Provincias en América del Sur que anteriormente estaban bajo el dominio de España; y esas relaciones así como las que exis- ten entre los súbditos de S.M. y todas las partes del mundo, hace tiempo que han hecho necesario que S.M. reconozca la existencia de facto de los gobiernos formados en esas Provincias hasta el pun- to de negociar con ellas, mediante los oficiales al mando de sus flotas y barcos, respecto de los intereses de sus súbditos y de reco- nocer que esos Gobiernos tienen derechos de guerra. 261 261 Hay que considerar que Gran Bretaña, bajo la dirección de Castlereagh, había sido la gran garantía de imparcialidad en Europa. Su estilo había consistido en no ser fanática de ningún lado ni en relacionarse excluyentemente con nadie. Ese estilo fue determinante para el sistema de relaciones implementados por la Santa Alianza. En 1813 , Castlereagh escribió estas perspicaces palabras: “La posibilidad de Gran Bretaña de hacer el bien depende no sólo de sus recursos, sino de su imparcialidad y del carácter conciliador de su influjo […] Para tener autoridad debe ser imparcial; y para ser imparcial no debe estar en relaciones exclusivas con ninguna corte en particular”. Citado en Nicolson ( 1985 , p. 274 ). Para 1822 , Gran Bretaña está abandonando el sistema de conferencias. Sir Ha- rold Nicolson explica que no es verdad que esta fue la diferencia de Canning; la comenzó el mismo Castlereagh, ibid. , p. 278 . Metternich veía en Canning a un “jacobino disfrazado” y Canning decía que Metternich era “el mayor bellaco y mentiroso de Europa, y acaso de todo el mundo”, ibid. , p. 285 . El papel que jugó Canning en la desmantelación del ordenamiento reaccionario y antidemocráti- co de la Santa Alianza fue principal. Dejemos explicarlo a Sir Harold Nicolson: “En septiembre de 1822 [Canning] informaba a la Conferencia de Verona que, ‘suceda lo que suceda’, Gran Bretaña no participaría en ninguna intervención en los asuntos internos de España. En marzo de 1823 , se negó a aceptar la teo- ría francesa de que la intervención era justificable. En octubre del mismo año se negó a una conferencia sobre la cuestión española. En noviembre de 1824 se negó, de modo semejante, a que Gran Bretaña estuviera representada en una conferencia sobre la cuestión de Oriente; y en diciembre del mismo año reconocía la independencia de las colonias españolas sin referencia alguna a la cuádruple alianza”. Acto seguido reconocerá la independencia de Brasil y la ca- lidad de beligerantes de los rebeldes en Grecia (mientras que Lord Byron —tan admirado, reseñado y traducido por Bello— concurría a participar de la rebe- lión). Sir Harold Nicolson se refiere con orgullo a la Gran Bretaña de Canning, patrona del liberalismo universal, y recuerda aquel discurso ante la Cámara de los Comunes en que dijo: “Quiero traer el Nuevo Mundo a la existencia para que enderece el equilibrio del Viejo”, afirmación tras la cual hubo un silencio, se oyó una risita y a renglón seguido el parlamento estalló en aplausos de pie, ibid ., p. 286 .
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