Andrés Bello: libertad, imperio, estilo

312 quedar reducidas a un sin-conjunto de fuerzas minúsculas, opuestas entre sí e incapaces de reagruparse para el mutuo socorro. Si consi- deramos la Cosmografía de Bello, con toda su concepción newtonia- na, entonces vemos con claridad esa atención al peso gravitatorio de cada “globo” en el entramado de fuerzas tensionadas que es el sistema solar. Precisamente Irisarri 250 sostenía que la demora logística de las independencias americanas tenía que ver con la desunión de los na- cientes estados y con el hecho que frente al reconocimiento europeo actuaban sin unidad. 251 Irisarri se dio cuenta que Estados Unidos no daría apoyo a los sudamericanos mientras no se quedara con la Flo- rida, que en este entonces aún pertenecía a España; y que Jefferson, Madison, Monroe y Adams 252 buscaron tener Florida y Louisiana, por lo que la política estadounidense relativa a Latinoamérica estaba me- diada por ese interés. En tal escenario generado por la emancipación, era solo quejosa la diatriba contra la realidad y por el Derecho. Al Derecho había que ayudarlo a volverse una realidad. la santa alianza Esa es la época de Bello en Londres, que es, además, la época de la Restauración, con la Santa Alianza y sus congresos, verdaderas “asambleas de plenipotenciarios”, dirá Bello. 253 “El reparto entre los 250 Irisarri tenía armado su negocio intermediando todo lo que tuviera relación con Chile. Apenas llegó su sucesor Mariano Egaña, lo he señalado, lo peló por “pacato y vanidoso” y le puso el apodo de “Don Legaña”. Egaña escribió que desconfiaba de Gutiérrez y Bello, y Bello se mostraba frío con él al principio. Lira Urquieta ( 1948 , p . 121 ). 251 Ibid ., p. 118 . 252 Dice Lira Urquieta sobre la base del libro de Flagg Bemis. 253 “Memoria histórico-crítica del Derecho Público Chileno”, en Bello (Vol. XXIII, p. 334 ). Para hacerse una idea de los concurrentes al Congreso de Verona, reproduz- co a continuación la ilustrativa descripción que hizo Chateaubriand en su Guerra con España : “Sali de Londres á fines de septiembre de 1822 , y atravesando á Paris, la Francia, los Alpes y el Milanesado, llegué á Verona, á Casa-Lorenzi, donde casi nadie habia llegado todavia. Poco á poco fue llenándose la ciudad, y sucesivamen- te se vió ir llegando al emperador y á la emperatriz de Austria con toda su comi- tiva; el príncipe de Metternich, acompañado de los consejeros áulicos, Genz, del caballero de Floret, de cuatro barones, de un conde, de un concipista áulico y de dos oficiales; el príncipe de Esterházy, mi compañero de embajada en Londres; el conde de Zichy, mi antiguo colega plenipotenciario en la córte de Prusia; el baron

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