Andrés Bello: libertad, imperio, estilo

309 que Bello ya haya notado en un trabajo tan temprano como su historia político-económica de Venezuela los frutos derivados de una actividad comercial libre amparada por un Estado activo y atento a los pormeno- res de sus súbditos. 243 No solamente veía —en la caída del Imperio Español— el posible deterioro de la lengua, además presagiaba que, al estar dividido en muchas naciones, su derecho común habría de ser débil frente a las grandes potencias de la época, cuyos intereses no estaban ajustados, dice Bello, al derecho natural 244 que podía gobernar el ámbito interna- cional, sino que a simples necesidades geopolíticas. 245 variables de la civilización; y, progresiva, con ella, acogerá en su seno principios nuevos o mejor dicho nuevas aplicaciones de los principios antiguos a las circuns- tancias presentes; fiel a su propósito primitivo de moderar el antagonismo de las nacionalidades, de derribar las barreras de una opinión demasiado exclusiva, de encarnar el entendimiento americano en las relaciones internacionales y de armonizar los pueblos. Yo emprendería con gusto una nueva exposición del Dere- cho de Gentes en este sentido, pero no tengo tiempo; ‘mors atris circumvolat alis’ otros con más luces y fuerza tomarán este bello asunto a su cargo”. Epistolario II, en Bello (Vol. XXVI, pp. 287 - 8 ). 243 “El año de 1780 será siempre memorable en los fastos de la regeneración política de Venezuela, y su memoria permanecerá inseparable de la del Monarca y del Mi- nistro que rompieron con una augusta munificencia las barreras que se oponían a sus adelantamientos. Cuando toda la América levantaba al Cielo los brazos por los beneficios que en 1777 derramó sobre ella la libertad del comercio, se veía tris- temente abrumado uno de los más preciosos y vastos dominios de la monarquía española con todos los gravámenes de un estanco, contra la voluntad de un rey benéfico, y la opinión de un ministro ilustrado sobre los verdaderos intereses de su nación; pero poco tardaron en llegar a sus oídos sin el velo de las pasiones las quejas de unos vasallos dignos de mejor suerte, y la provincia de Venezuela ocu- pó el lugar que la intriga le había quitado en el corazón del Monarca, y de que la tenía privada injustamente el interés particular. A impulsos de tanta beneficencia se ensancharon milagrosamente los oprimidos resortes de su prosperidad, y se empezaron a coger los frutos del árbol que sembró, a la verdad, la compañía; pero que empezaba a marchitarse con su maléfica sombra. Todo varió de aspecto en Venezuela, y la favorable influencia de la libertad mercantil y la extinción de la compañía debió sentirse señaladamente en la agricultura. El nuevo sistema ofre- ció a los propietarios nuevos recursos para dar más ensanche a la industria rural con producciones desconocidas en este suelo”. Grases ( 1946 , pp. 165 - 6 ). 244 Como Chateaubriand en su calidad de agente plenipotenciario francés ante el Congreso de Verona, Bello participa de la idea según la cual, a falta de un imperio, resurge en ese escenario desprovisto el derecho natural que rige la vida interna- cional. Ver Villanueva (s.a., p. 170 ). 245 Desde temprano, en las páginas de El Araucano , Bello explicó a los provincianos lectores chilenos la geopolítica europea. Muchas de sus predicciones resultaron verdaderas. Sus comentarios sobre las reacciones internacionales que pudiera haber desatado la revolución de julio de 1830 , en París, son una muestra. En el número 11 de El Araucano , de noviembre de 1830 , explicaba, por ejemplo, el papel de Rusia y las potencias europeas surgida del Congreso de Viena: “La Rusia, ocu- pada en el oriente, no es probable que deje la fácil y rica presa que le presentan las

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