Andrés Bello: libertad, imperio, estilo

306 Joaquín Edwards Bello exagera cuando dice que “el carácter inter- nacional de la figura de Bello fue muy reseñado. Bello está por enci- ma de todas las fronteras y de todos los litigios entre pueblos herma- nos”. 237 Bello, a su vez, insistirá en los altos objetivos civilizatorios de la diplomacia, un cuerpo que debía estar por sobre las mezquindades unilaterales. En Principios de Derecho de Gentes escribe: El objeto más esencial de las misiones diplomáticas es mantener la buena inteligencia entre los respectivos gobiernos, desvaneciendo las preocupaciones desfavorables, y sosteniendo los derechos na- cionales con una firmeza templada por la moderación. Es un de- ber del ministro estudiar los intereses mutuos de los dos países, sondear las miras y disposiciones del gobierno a quien está acredi- tado, y dar cuenta a su soberano de todo lo que pueda importarle. Debe asimismo velar sobre la observancia de los tratados, y de- fender a sus compatriotas de todo vejamen e injusticia. Circunspec- ción, reserva, decoro en sus comunicaciones verbales y escritas, son cualidades absolutamente necesarias para el buen suceso de doblemente sensible para mí la imposibilidad en que me encuentro de aceptarlo por graves consideraciones, siendo la principal de todas mi avanzada edad y la delicada salud que me inhabilita para casi toda atención seria, y que recientemen- te me han puesto en el caso de pedir al Exmo. Sor. Presidente de esta República una licencia temporal para suspender mis funciones universitarias”. Epistolario II, en Bello (Vol. XXVI, pp. 446 - 7 ). Bello miraba con distancia a Estados Unidos. 237 Entre los suyos, la fama de Bello como especialista en asuntos internacionales se extendió rápido. Irisarri escribe en una carta de 1826 a Rojas, que hacía treinta años había conocido a Bello investigando el Derecho Internacional, ya que el es- tado de esta disciplina a ese tiempo era deficiente para efectos de los propósitos americanos: “Ciertamente el señor Bello no ha compuesto su libro en poco tiem- po. Hace treinta años que yo le conozco estudiando los principios del derecho internacional, y fue él el primero de quien tuve las pruebas de las deficiencias del Derecho de Gentes de Vattel en todas las cuestiones que interesaban a la causa de la América española, y él quien me hizo conocer la necesidad de estudiar los es- critores más modernos. Desde entonces este sabio patriota americano se ocupaba en el estudio cuyo fruto tenemos a la vista, y desde entonces se proponía darnos unos Principios de Derecho Internacional que se hiciesen populares en estas repú- blicas, y sirviesen en la ventilación de nuestros negocios con las demás naciones”. Irisarri citado en Murillo ( 1987 , pp. 251 - 2 ). Y en otra carta de Irisarri, esta vez a O’Higgins, se puede notar que Bello era tenido por un verdadero especialista en los asuntos geopolíticos de su tiempo, especialmente los que afectaban a Améri- ca. En esa carta del 6 de junio 1822 , leemos: “No hay de los americanos españoles, que no encontramos en esta Corte, ninguno como este sujeto que conozca con más circunstanciada precisión las cosas de América ni el estado de los intereses de las potencias europeas respecto a nuestro continente”, ibid ., p. 253 .

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